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miércoles, diciembre 17, 2014

Cuatro


Ya me desocupe con los labores hogareños que tengo. Ya almorcé y tuve tiempo para una siesta, pero eso ya era mucho. Me aburro y veo la hora. 17:35 y ese sentimiento de animal encerrado, surge de los mas primitivo de mi ser. Si que a las 17:35 ya estaba aburrido. Siempre se a que hora estoy aburrido. Pequeños tic’s que uno va adquiriendo. Estimulo mas estimulo a estímulos. Pregunta/Respuesta. Problema/Preguntas.

Leo un rato, pero no logro concentrarme. Afuera esta nublado y algo helado. Hay vida. Gran ventanal. Gran vista.
Distracción.
Me gustan los días nublados.
Me abrigo y salgo en bicicleta, mientras Matana Roberts suena en mi celular y voy recorriendo por O’Higgins hacia Caupolicán, mientras Temuco atardece. El amarillo invade al gris por breves instantes y en el cielo naranja- rosa y anochece. Sin rumbo, pero por reflejo sé donde voy y cuando me dejo de hacer el wueón, manejo mas decidido y los autos empiezan aparecer al lado mío, a veces compitiendo conmigo, con el de al lado. Consigo mismo. Contra el tiempo e infinitas posibilidades. Todos me parece que están compitiendo y me siento competidor, sin saber que estoy compitiendo en el acto. Finalmente, me voy por las calles chicas y en Phillippi, con menos autos, llego donde Juan. Al trabajo. No siempre esta poniendo piercing, para no decir la falta de clientes, así es que dispone de tiempo, para poder echar la talla. Cuando entro a la tienda. Mi tío Juan está sentado frente a un computador y me dice
- ¿Qué decí?
- La verdad no mucho y ¿tu?, ¿cómo estuvo tu día?
- Aquí, no mucho tampoco, puta… piola.

Hay mas gente en la tienda, que va apareciendo entremedio de eso clientes y gente que simplemente entra a cachar que wuea. En momentos me siento como en un programa de la televisión, como si alguien, un tercero que nos ve. Que ves mas que nosotros, pero que no ve todo. Eso es imposible y así el tiempo avanza por carruseles de personajes y todo se vuelve azaroso. En un momento Juan me pregunta si lo acompaño al semáforo y le digo que si, pero este me insiste que tiene  que pasar a su casa antes. Si que nos despedimos y nuevamente estamos en la calle compitiendo. No sé por que partimos por avenida Alemania a toda velocidad. Esquivando autos y tratando de avanzar sin detenernos. Yo detrás de la bici de Juan, aunque a veces lo pasaba, pero Juan era el guía rutero. Pasamos Francia y el escenario cambia, atrás quedan los bares, los kebab, los locales y farmacias. El mall. Avenida Alemania y el centro, todo metido en el mall. Nos vamos hechos un pico por el subterráneo, tomando la bajada y la doble curva, pasando los autos en la recta. La dificultad y la experticia se ponen en juego o así me siento, ya como si fuera en una etapa de algún video juego de autos. Avanzando por la etapa. Salimos por Inglaterra y la luz artificial de los estacionamientos quedan atrás y nos metemos por España y luego damos con la casa de Juan, que en la reja nos espera la Tonka (Pastor Alemán) y “taldito” un perro chico blanco a ladrarnos. La Tonka para cuando ve que es Juan, pero el Taldo sigue ladrando y me ladra a mi, hasta que yo entro en la casa. El perro me sigue ladrando a pesar de los años, algún día Taldito (seremos amigos).

En la casa aparece la Gabriela. Sobrina de Juan. Cuatro años, o va a cumplirlos, no lo sé. Casarme seria mentir y con el matrimonio no se juega o esos dicen, pero que se yo. Saludo a la Ofelia, hermana de Juan, en el living y luego paso a la pieza a saludar a la abuela. Converso un rato con ella o mas bien ella conversa conmigo y yo escucho. No es que no me interese, pero intervengo poco en la conversación y va contándome que ya no es la de antes, pero que va a estar bien, que se quiere mejorar porque quiere tomarse unos traguitos, pero de ahí siento que se pone a la defensiva – no crea que yo tomo, que soy curá, mire que yo tomo poquito.. y mire que no siempre. Si que no piense que soy así. – Trato de hacerla entender que en ningún momento llegue a pensar en aquello y trato de ser enfático en este punto y de ser lo mas positivo que se me pudo ocurrir – ya se mejorará y va estar brindando.
- ojala así sea. Me dice.

Pido permiso para retirarme – Si, si. no se preocupe, valla nomás – Paso a la pieza del Juan, donde esta ordenando las cosas para poder partir. Juanito me deja un paquetito y unos papeles y me dice que me arme uno, si que eso hago, mientras me habla de que le están creciendo las plantitas y que están creciendo hermosas. Les tiene  caleta de fe y amor. La Gabi aparece de nuevo en la pieza con un libro gigante, que dentro de el contiene unos cubos, que van armando diferentes imágenes y se pone a jugar en el suelo y yo comienzo a jugar con ella, algo que esta inventando en el momento.

Luego de un rato Juan le dice a la Gabriela que va tener que ordenar, porque nosotros vamos a salir. Ella le pregunta  - ¿a donde van a salir? – y este responde que a su segundo trabajo, que después vamos a volver a jugar. Yo le ayudo a ordenar y partimos de nuevo. Pasamos por un pasaje donde veníamos a jugar con mi hermano cuando éramos chicos. Vivíamos a unas cuadras de donde vive Juan. El pasaje tiene a un lado edificios y en el otro son murallas y un pequeño estacionamiento entremedio.
En el estacionamiento, hay una pequeña estructura , donde tapan unos estanques de gas y otras cosas de los edificios. Con mi hermano jugábamos a que era una nave espacial, ahora fumamos pitos ahí de vez en cuando.

Los edificios son bonitos igual, de chico me han gustado estos edificios. Son como de los años cincuenta. Tienen clases. Son de otra arquitectura.
Al final del pasaje una muralla larga hecha de piedras medianas. Mi parte favorita del lugar y sin duda este espacio completo. Es una burbuja en todos los sentidos.

De ahí  Hochstetter. Avenida Alemania. Una invención de progreso de los últimos diez años y así vamos esquivando los autos hasta llegar a una cuadra antes de Andes, una pequeña calle llamada Iquique, y nos ponemos al lado de los estacionamiento de unos de los tantos edificios que hay por el sector y nos ponemos a fumar el pito.

Luego de fumar, nos ponemos en el bandejón y dejamos las bicis en un poste y un letrero y Juan empieza a preparar sus cosas. Los alumnos del Camilo salen en masa de clases y están en todas partes. Juanito ya tienen su poi’s con bencina y comienza a jugar en la calle un rato, alejándose de los cabros que cruzan la calle, pero juega un rato y luego los apaga y me dice – de ahí juego. Me dan miedo estos cabros chicos.

Nos fumamos un cigarro y conversamos de cualquier otra cosa, nada relevante. Pero cuando ya se notaba menos gente, Juan se anima a pasar para cuando de rojo en el semáforo. Yo por otra parte, ando con la cámara y podría aprovechar de sacar fotos, pero prefiero observar en un plano mas amplio primero. Juan saca un encendedor de su bolsillo y enciende los poi’s. De ahí todo cambia. Juan tiene el fuego encadenado e ilumina. Toda la atención cambia. el semáforo cambia a rojo y Juan sale hacer su rutina, que la tiene mas que calculada. Los autos van llegando de a poco, se van deteniendo y al igual que sus vistas ante Juan, que va haciendo figuras en el aire y dando vueltas, mientras todo tipo de vehículo y de gente transportándose en ellos, de vueltas a sus casas y Juan bailando, mostrando su dominio, mostrando algo. Diferente a la espera y ansiedad del semáforo y Juan termina su rutina con una reverencia y trata de apagar los poi’s, pero no le resulta, si que solo los balancea, casi como en de actitud, desafiando. Alguno que otro le suelta unas mone’as, pero la mayoría no.

Al lado donde estoy yo, se forma la hilera de autos que esperan la fecha para doblar por andes, hacia San Martín, aunque en su mayoría, colectivos. Me fijo en la gente del colectivo, por lo general se les ve el rostro, por el reflejo de las pantallas de sus celulares. Se les ve mas agotado que los que van en micro, pero creo que debe ser solo la sensación de la iluminación. Los coletos, van con la luz apagada en su interior y eso es lo que hace la diferencia; no como el de la micro. Total iluminado, pero que sé yo, pero eso para ser mi sensación y criterio.

Juan llega donde estoy yo – ya con los poi’s apagados – y vuelve a ponerle mas bencina. En eso me comenta que no le ha salido nada bueno en el mp3, que ya le tiene que cambiar de repertorio. Yo aprovecho de sacar la cámara y mi amigo comienza a jugar a un lado contrario de la pequeña separación de sentidos de las calles. El y los colectivos y esta vez comienza a jugar de forma mas libre y yo atino a grabarlo y a veces saco fotos, pero me cuesta un poco soltarme. Ya he estado en esta situación ya varias veces y como sacar una foto o capturar el momento, que no haya hecho antes. Encontrar el momento, observar a través del lente, mas que disparar, precisión, como la de un francotirador. Como un halcón, pero no lo encuentro. Me distraigo y me muevo. Voy observándolo todo y trato de capturar el momento de esta intersección, donde pasan muchas cosas.

A un lado hay una bencinera y cada cierta hora se llena, serán como unos treinta minutos, hasta que queda media desierta, por no se por las personas que van a comprar al mini market, cualquier cosa, que desde acá no puedo asegurar nada y todo lo llevo a pequeñas historias. Imaginación de microsegundos, que dejan de interesarme por otra cosas mas llamativa. A veces, solo me gusta observar como circulan por el espacio. Algunos autos se ven maravillosos y dramáticos por la luz cenital y blanca que cae del techo de la bencinera y justo al frente un quiosco, mantenido por la misma persona, desde que tengo recuerdo. El último sobreviviente del progreso. Donde aparecen puros personajes a comprar y quedarse su rato conversando con el viejo. No muy distinta a la relación que tenemos con Juanito. Salvo que mas viejos y tal ves en que andemos a esa altura de la vida. La verdad es que no me espero nada. Nunca pude verme “en algo” realmente, como un máximo. Un ideal. Me quedo en el presente y hasta ahí llego. De eso me preocupo. De observar y en eso se me va la vida y en lo cuático de encontrar a otro observador. Ese segundo, donde la miradas se encuentran en medio de trayecto y velocidad y el solo hecho de cruzar miradas, es un evento poderoso. Intenso. Fugaz y eterno, como en el ojo de un huracán. Todo se mueve a mi alrededor, miles de energía y vida y Juan atrayendo con fuego y la baliza de los pacos me saca de lugar y solo pasa. Este es el sexto que pasa, desde que llegamos. Me están llenando de pacos, Temuco.

Siento o creo hacerlo, de cómo afecta en la gente, ya sea para bien o para mal. Nadie es ajeno. A mi no me gusta. No es gratuito la sensación de estar en contra. De ser paquiado.

- Pacos culiados. Wueón. Me dice Juan, mientras se acerca. – Están por todas partes.
- Si wueón. Pero yo creo – contesto – que el helicóptero esta demás
- Claramente están exagerando estos wueones, como si los fueran a pillar a alguien
- A quien van a pillar… Digo yo.
- ¿a quién van a pillar?. Insinúa Juan.
- A quien po
- A nadie
- ¿A nadie?
- ¡A nadien!. Grita Juan, mientras hace un sonido, como el que hace el perro en el doghunter, luego de capturar al pato y vuelve a gritar aun más fuerte y enciende de nuevo sus poi’s y se pone a jugar en el lugar – se puso helado- me dice.
- tsss… dimelo a mi – le contesto – por ultimo vo tení fuego.
Juan se ríe – ya oh. No sea’i envidioso, wueón.
- Mira. Cacha –le digo, mientras le acerco la cámara.
- Están buenas
- Estaba probando con larga exposición, pero le he estado cachando lo del tiempo.
- demás, están piola, las que vi, por lo menos.
- oye hablando de piola – le comento- hay visto a la puli Fernández
- Sí. Me contesta Juan –La semana pasada de hecho, ¿por qué?
- Naa.. que en la tarde estaba whatzapeando con marcelito y me manda una foto de ella
- … y ¿que tal?.
- ¿cómo que, que tal? – respondo –vo debería’i saber que tal
- ¿por qué la vi?. Me dice despreocupado mientras juega con sus poi’s.
- obvio po.
- Puta… es que yo no he visto la foto y sonríe cuando termina de decir la frase.

Saco mi celular del bolsillo, mientras marco los cuatro dígitos de la clave y voy a la conversación que tuve con Marcelo, hace no más de tres horas atrás. Donde él me habla de ella y me envió una par de fotos, las cuales se las muestro a Juan.
- a ver –dice Juan y hace un gesto con su cabeza, para que me acerque. Si que eso hago, y trato de mantener una distancia prudente, pero se apaga la pantalla – pasá pa’cá mejor – dice.  Lo vuelvo a desbloquear y se lo paso a Juan, mientras sigue jugando con una sola mano.

- Mira. Dice Juan – yo no había visto estas fotos.
- ¿y? – pregunto. – Que tal… porque a mi me parece que está como quiere… o ya no está así.
- Ehm. Responde y examina la foto, mas detenidamente.
- yapo.
- … puta si… así mismo esta.
- y ¿qué wuea?
- ná po. Está como quiere.
- … si eso lo sé, pero, por qué las viste
- Se fue a ponerse unos piercing pos, viejars
- demás po, Que sufrimiento
- no para nada. Uno fue en la oreja y el otro en el ombligo
Rió
- Lo decía’i por mi?. Se rié.
- Obvio que si. Si ni sabía donde.

Enciendo un cigarro y me devuelve el celular y comienza a contar de que fue a la tienda, hace como una semana. Con su hijo, que ya tenía o iba a tener tres años. Que era súper inquieto y preguntón, pero que eso era bacán del cabro chico; que del momento de hacerle el piercing en la guata, la había sufrido – wueón, tenía una güatita- Juan se toma un tiempo – en fin – se interrumpe – La cosa es que la Puli me pregunta si tengo una mano. Le digo que no. Si que pesca el teléfono y se pone a mandar mensajes como loca, hasta que lo logra. Si que, cuando terminamos, mi socia me dice que tiene que ir a sacar plata al cajero y vuelve… y bueno, volvió, me pago y se saca un pito la loca. Si que fuimos al inframundo y ahí tuvimos un tiempo para ponernos al día.

- Mira. Buena si po. Contesto- que bacán que este bacán. Buena volá
- si loco.
- … y hablando de locos y ¿el longi?
En ese instante nos interrumpe un tipo, que al ojo yo dría que tendrá un par de años menos que yo. Que nos pregunta si están pasando los “diecisiete” (colectivos). Juan le constesta que si, que al frente debería tomarlos. El se queda sin reaccionar por unos segundos, como si estuviera procesando la información que recibió y nos da las gracias cordialmente y se queda al lado de nosotros, esperando la luz verde de peatones, para poder cruzar. Lleva unos pitillos  y una parca que tiene el cierre lo mas arriba, de lo que le permitía. Juan me pide un cigarro y apaga lo poi’s, pero solo le pega un par de quemadas al cigarro y me lo devuelve excusándose de que no quiere fumar uno entero y vuelve a encender los poi’s.

- y de, ¿qué estábamos hablando?. Me dice Juan.
- Del inframundo. La Puli y el Martín.

Juan contesta con un simple “ah” y comienza a jugar de nuevo a jugar y hacer pequeños loops al aire. El tipo vuelve a interrumpir y esta vez le pregunta directamente a Juan, si es que el conoce algún lugar donde hacer taekwondo y este al responderle con una negativa, me sorprende dirigiéndose a mi y yo solo atino a negar con la cabeza, mientras aspiro cáncer.

 - Es que yo pensé que hacia’i teakwondo. Dice él.
- No, para nada. Responde Juan – La verdad es que no, pero igual estaría interesado. Si igual de una forma u otra, se parecen. Si igual hay unos ejercicios con la katana y otras armas, que logran el mismo movimiento circulares. Con respiración y otras cosas que se asemejan a esto, por que no.
- Si… si igual tienen una cosa media budista. Al final, todo proviene de una cosa, así…

Todos nos quedamos en silencio bajo ese farol, donde todos nos veíamos cansados y las sombras de la cara, mas parecidas a una máscara, pero en particular él. Sus rasgos son duros y de ojos saltones. Negros. Duros. Sinceros. Por momentos inexpresivo y sus movimientos son casi nulos y guarda cierta distancia, mientras habla de que la gente puede ser peligrosa y ya en esta parte era un monologo - … si po. Hay que tener ciertas preocupaciones. La gente… la gente puede ser mala. Porque es propio del ser humano, pero igual a medida de la evolución… ehm, como se dice. Los humanos han aprendido cosas. La importancia de la vida, que la sociedad ahora no quiere que veas. Que enfermes. Quieren que uno este así… quieren que uno consuma. Consuma de la apariencia y nos ponen miedo y así ha sido siempre, porque el ser humano es malo. Nos quieren lejos de los sabios… y si lo pensa’i, todos al final hablan de lo mismo. Buda, Mahoma, Jesús. Vivir con sencillez. No ser malo. Convivir, respeto, amar… Si yo creo en la evolución, porque la evolución es real. Hay huesos por todas partes. Eso no se puede negar.

- Silencio -

Juan se aburre y se pone los audífonos y se va un poco mas allá, con mas espacio y con la disposición de pasar, cuando tenga la oportunidad. El loquito queda en silencio por un rato. Su mirada fija al suelo, mirando quizás que cosa, pero luego me mira fijo a los ojos.

- Eso es cierto o ¿no es cierto?. Pregunta
- Si po. Contesto con un sentimiento de duda
- si po… a veces no escuchamos a los sabios y nos hacen creer que no pertenecemos y nos alejamos de la verdad y te vuelves ciego y enfermo… ¿tu hace cuanto que fumas?
- No sé, como hace siete años.
- … y de seguro tomas y fumas de lo otro… pero claro. Como cualquiera que pudo tener tentaciones y caer en el vicio. El vicio… uno se aleja… se deja de amar y el vicio y el vicio. Vicio. Vicio. Vicio. El vicio y seguí, seguí, seguí, hasta… yo… yo… yo, pero no. No. No. No… yo no.

Silencio.

- No. Yo no. – continua- No mas. Yo caí. Tuve malos amigos. Pero yo no más… no quiero. Hay gente mala. Tienen esa energía. Todo negro. Ellos no quieren y todos son así. Te atacan, te atacan y te atacan por todas partes y te asfixian… No te dejan pensar. Son malos… yo no. No, no no. – Cada vez se le va quebrando la voz y el ultimo no, casi no suena. Sus enormes ojos.se cristalizaron y mira fijo al fuego. Algo se quiebra en él. Queda en silencio. Se abstrae. No está aquí y sin despegar la mirada del fuego, me dice – se puede… yo fui egoísta y no pensaba en nadie y hice mucho daño, pero ya no. Ya no… nunca, pero nunca más. Hay que estar tranquilo, sin problemas. Ya no quiero absorber esa energía (pone cara y tono de asco). Queriendo. Queriendo a uno. A la tierra, a la cosa insignificante. Todos somos importantes. Todos. Sin el otro, uno no puede existir. Por eso hay que cuidar y no destruir el entorno… todo en el fondo y en las estrellas y en la galaxia y más allá… incluso de lo que desconocemos. La gente no quiere saber estas cosas y cada vez son mas, pero nosotros igual mas. Mas y todo viene de algo y de ahí provenimos todos y podemos conectarnos de varias formas… La vida es difícil… hay que pagar. Todo…Ya me tengo que ir – me da la mano – cuídate. Ustedes no son malos. Malas personas… Lo vi en sus corazones… Me escucharon, conversamos, ¿quién hace eso ahora?. Es una pena.

Lo veo cruzar la calle, pasa por delante de Juan, pero en ningún momento hace o trata de hacer contacto con él. Como si no estuviera y se pone en el paradero de la esquina. Lo vi sentarse un rato y miraba a todas partes. Siento que esta incomodo y luego lo veo irse. Alejándose de a poco, mientras camina por Andes hacia el norte, con las manos en los bolsillos. Con culpa. Con paranoia.


martes, septiembre 10, 2013

Repeticiones, descomunicaciones y otras torpezas



En algún momento de la noche, me veo atrapado en una micro, por el centro de Santiago. Las luces de neón, van invadiendo los rostros de los pasajeros, cansados, pero con cierto alivio de viernes por la noche y la micro avanza lento sin apuros. Las imágenes que va proporcionando la ciudad, es variado, caótico, random, pero todo parece calzar con el disco de Nancy Dupree, que voy escuchando. Todo tan tranquilo, gracias a Nancy Dupree, que siento un poco de alarma, como de esas sensaciones de morir atropellado o algo por el estilo. Sabes que va a pasar o dejas esa posibilidad abierta , pero no sabes cuando.

En un momento suena mi celular. Javier, quien me llama preguntando donde estaba – estoy cerca – respondo. Luego me dice que me apure, que tiene un cañito, para cuando llegue. Yo vuelvo a insistir, en que estoy cerca, como en unos diez minutos. Javier me hace prometer de que le estoy diciendo la verdad – lo prometo – después me dice que me esperará en el paradero, para que fumemos antes de entrar al carrete.

Cuando me bajo, efectivamente está Javier, con medio cigarro a medio consumir y al verme se alegra, como ese video del perro, que ve a su dueño, después de cinco meses. En ningún caso, pienso en Javier como un perro y menos que yo sea su “amo”, pero de verdad se alegra y me da un abrazo.

- No te demoraste na, perro. Me dice Javier
- Te dije que estaba cerca. Oye, ¿qué onda, lo de Max?
- No cacho, la verdad. Igual es raro que este wueón nos haya invitado.
- Si loco. Yo hace dos años que no lo veo.
- … demás. Yo el otro día me lo encontré y ahí me invito. Bueno igual me pregunto por ti y ahí le conté, que nosotros siempre nos vemos.

Javier se hecha la mano al bolsillo y saca una caja chica de metal. Luego mira para todos lados y me pregunta si tengo papelillos. Le paso uno y comienza a armarse el pito, luego continua diciendo – Bueno no sé si te conté o ¿te conté?, hermano. – Pone una cara de duda y me pasa el pito para que lo encienda. – La cosa, es que me hablo la carlita.
- ¿Qué carlita?. Pregunto
- La carlita po, la carlita… la… esta mina…
Yo lo quedo mirando extraño, mientras fumo a todo pulmón.
- …la Carla - Insiste Javier – la del colegio.
- Aaaaaa - Digo sorprendido, mientras aguanto la respiración. Le paso el pito a Javier. Boto el humo, mientras toso y me baja… toda la sensación de estar volado. Esa pequeña sensación de felicidad y tranquilidad. De libertad y todo me importa una mierda, por un rato. Después, solo tranqui.

- y ¿qué onda?. Le pregunto al Javier.
- ¿con qué?, ¿qué onda?. Completamente perdido.
- Con la Carlita.
- Ah, cierto, hermano. Lo siento. Me fui a la chucha unos segundos. El Javier se ríe mientras me contesta – puta nada…. O sea, me pregunto si íbamos a venir donde el Max. Yo le digo que si y le pregunto, el por qué, ya que todo me pareció tan extraño. Ahí hace un pausa y fuma una quemada exprés y me lo pasa. A veces creo que solo hace esto, porque es un maestro del suspenso.
- … la cosa - Continua Javier – es que me lo dice, porque ella va a venir y que nos veamos acá en Santiago. Que ella se va a sacar un caño y wueas.
- … y ¿qué tiene que ver la Carlita con Max?
- No sé. Serán amigos… igual estos wueones son o eran como populares.
- No demás que si, pero el max no se fue en tercero (medio) a vivir acá y la carlita, “llego a nuestras vidas”, cuando nosotros estábamos en cuarto.
- … ¿y?
- El max, ni siquiera vino para las alianzas, de ese año.
- ¿internet?
- Si, puede ser. Eso me suena mas a Max.

Termina de fumar y caminamos dos cuadras hacia el oriente, en busca de una botillería, que al parecer, Javier sabía de su existencia. Preguntamos por vino y una promo de pisco. Nos costó decidirnos, pero terminamos optando por dos vinos. Uno de un litro y el otro de dos. Tinto. En caja. Santa Helena.
Regresamos las dos cuadras y doblamos al norte y nos encontramos afuera de la casa de Max. Una casa grande, cerca de los leones. Escondida por viejos edificios, de nos más de cuatro pisos. El barrio se ve tranquilo, incluso para ser viernes por la noche. Tocamos el timbre y nos abren dos tipos, el portón de la casa. Ni el Javier, ni yo los habíamos visto en la vida y solo tuvimos que preguntar por el Max y nos dejaron pasar. No sé si fue que transmitimos confianza o simplemente un gesto de indiferencia. Luego nos dicen – En el patio – y nos indican con la mano, donde teníamos que ir.

No es un gran patio, pero no se puede decir que es chico. Tampoco hay mucha gente. Diría que hay como unas quince personas. La mayoría alrededor de la parrilla. Se ven animados. Lo están. Con Javier, hacemos un saludo general, algo tímido. De un grupo de diez personas, se dan vuelta dos, que nos quedan mirando , como si estuviéramos mendigando. Javier pregunta por el Max y una mina de ojos pardos, se da la molestia en contestarnos – creo que está en la cocina – y termina con una pequeña y cordial sonrisa. Javier responde con un – gracias -  y se queda unos segundos mirándola fijamente. Luego cruzamos el patio y fuimos saludando a quienes nos topábamos en el camino. En eso llegamos a la cocina, pero ni rastros de Max. Volvimos al patio y nos arrinconamos en una esquina  de una mesa que hay. Sacamos unos vasos plásticos y nos servimos vino. Enciendo un cigarro y con Javier nos quedamos mirando, tratando de descifrar el carrete, pero ya a esas alturas, no había mucho que hacer. Me imagino, como nos debemos ver, como un par de drogadictos, que se equivocaron de lugar, pero que van a tratar de vender la drogas. Bueno, por lo menos así me siento.

En eso un tipo cambia la música y pone a K.C and the sunshine band y se une, nuevamente al grupo con quienes estaba conversando y comienzan hablar sobre como antes, la gente bailaba estas canciones en patines y la onda disco. Nada mas ridículo, porque ninguno sabe de lo que hablan, solo tienen referencias a ciertas películas, que por algún motivo, nadie quiere olvidar. En eso, todos se dan la vuelta y comienzan a gritar. Max hace su entrada “oficial” y también grita algo, que no puedo entender. Alguien se le acerca y le dice algo al oído, luego Max mira a nuestra dirección y hace un gesto de que no hay problema – Buena loco, pensé que ya no venían – mientras se acerca y nos saluda con un abrazo.

- Feliz cumple viejito – le digo – mucho éxito.
- Vale, vale, gracias. Contesta.
- Feliz cumple hermanito. Le dice Javier, mientras lo abraza
- … y ¿están hace rato?, a ¿qué hora llegaron?. Nos pregunta Max
- mmm… hace como unos diez minutos, o ¿no?. Javier me queda mirando buscando aprobación.
- Tal vez menos – Termino por contestar – y tu, ¿cómo hay estado?
- Bien  - contesta Max – algo curado, pero la raja.
- Bacán, bacán. Interfiere Javier.

La chiquilla de los ojos pardos, se acerca a nosotros y sorpresivamente nos llama por nuestros nombres. Con Javier nos quedamos mudos y sin saber como reaccionar. Max se queda callado, pero tiene una sonrisa malévola. Ella nos dice – Tanto tiempo ha pasado que no se acuerdan de mi? – trato de hacer el esfuerzo, pero mes inútil. Javier se acerca, como inspeccionándola

 - Carrete donde el Emiliano, 2007 – Alarga Javier – ¿La mujer más prendida del carrete?
- La misma en persona.
- Buena carlita. Dice Javier, luego le da un abrazo.

Ella se lanza a abrazarme, después que termina con Javier.

- ¿Cómo han estado chiquillos?
- Si, bien, bien. Responde Javier.
- No se esperaban está sorpresa. Comenta Max
- Si… el medio encuentro. Responde Javier.
- Yo… ni siquiera te reconocí – comento- cuando llegamos.
- Já, si cache – responde –estaba viendo cuando se demorarían en hacerlo, pero no pude aguantar mas… igual en un momento, pensé que el Javier lo había hecho.
- ¿cuándo te quede mirando?. Pregunta Javier
- Si. Dice ella
- Sabía que te me hacías familiar, pero no cachaba de donde. Dice Javier.

En eso nos ponemos a conversar de Temuco y del colegio. Max nos cuenta, de la gente de Temuco que también tiene deberían venir. La Carlita se nota feliz de vernos y nos cuenta que hace unos meses, se estuvo acordando de nosotros. Yo la inspecciono, me fijo en detalles. Pestañea mil veces por segundo. Te mira fijo mientras te habla, cosa que uno termine hipnotizado. Su voz es dulce y sus movimientos rápidos, pero nada al azar. Sus pechos, bien puestos, firmes y su cadera pronunciada. Pies pequeños. Totalmente alejada a la imagen que guardo de ella, en el colegio. Ahora es una mujer, por donde se le mire. La Carla, aunque nunca le gustó que le dijéramos así, le pregunta a Max por un lugar mas piola, porque se va a sacar un pito. Definitivamente los tres nos enamoramos al instante. Ella nos dice que la esperemos, donde Max había indicado, “como el lugar mas piola”, ella va a ir a buscar a otra persona, que quiere que conozcamos – de acuerdo – dijimos y nos pusimos a caminar. En el instante Max nos advierte de que la carlita nos va a sorprender.
Con Javier, nos quedamos mirando algo metidos, pero le restamos importancia. Max siempre ha sido exagerado para todas sus wueas. En eso llega la Carlita, con otra mina, y nos presenta.

- Chicos, ella es la Violeta. Violeta, el es Javier y el es nacho.
Nos saludamos algo cordial y luego la Carla vuelve a interrumpir.
- Chicos, ella es mi polola.
Cuando termina de decirlo, Violeta le da un beso en la boca, algo apasionado. Marcando territorio. Con Javier, nos quedamos pa dentro, mientras Max, sonríe, como un depravado quinceañero.

La Carla le pregunta por la marihuana a la Violeta; y comienza a en rolar uno, mientras afirma – estos cogollos, están buenos.
Las manos de la carlita, tienen un dominio impresionante. Se lleva el papelillo a la boca y muy lento, va pasando la lengua y lo va cerrando.
Max le acerca el fuego, antes de que alguien lo pidiese. La Carlita lo detiene y lo enciende con su propio encendedor zippo y ya todos, como con angustia. Estamos hipnotizado por ella. Tose y se lo pasa a la Violeta.

De ahí el pito va corriendo de mano en mano y comenzamos hablar de que estamos mas viejos. Nada muy interesante. Algo mas bien obvio ya que, estamos recién reconociéndonos. La verdad es que ninguno de nosotros se había visto en años. Me pongo a pensar en las relaciones. Humanas y de cómo terminamos en distintas proyecciones, que de cierta forma se volvieron a juntar. Al parecer todos los caminos llegan a Roma, pero Roma nunca es la parada final. Es algo, entre medio, desechable.
Casi sin resistencia volvemos al patio, que ya tiene mas energía, renovadas. Las conversaciones, son rápidas, de movimientos eufóricos. De miradas intermitentes. Hay mas gente y efectivamente hay mas “temucanos” y sin darme cuenta, estoy inmerso de gente que no solo, no la había visto, si no que había sido un acto consiente. Solo son pasado. Un recuerdo, un momento cordial y así fue durante quince minutos, que hacen que me de cuenta que estoy mintiendo al mismo nivel que el otro. Lo terrible de contar lo mismo y nada. Estar atrapado en una misma conversación, una y otra vez. Por que hoy, contigo iba a ser diferente.

Javier se me acerca y me queda mirando, como sabiendo, exactamente, como me estoy sintiendo, que termina por acompañar con un gesto, con su mano simulando una pistola, que se lleva a la cien e imaginariamente se suicidaba. Su cabeza hace un movimiento hacia su derecha y vuelve con una sonríe. No sé por que esto me da mucha risa, pero trato de aguantarla. Javier hace lo mismo y nos miramos y vemos como el otro, también está aguantando y nos da aún mas risa. Como si estuviera prohibido reírse. Siento como una lágrima va saliendo a medida, que toda esta estupidez se está volviendo cada vez mas graciosa y sin sentido. Después una sensación, como si volvieras a la realidad nuevamente y no cachar exactamente que fue lo que paso. Sientes un poco de vergüenza y tampoco sabes por qué y esto desencadena a miles de posibles preguntas, mientras que comienzas a respirar, a tomar oxigeno que llega a tu cerebro. Pensando mejor, decides olvidar lo que acaba de pasar y continuas. Así es la vida. La gente comienza a ponerse a bailar, mientras que alguien oscureció el carrete. Con Javier, nos encontramos de espectador. En un rincón, en silencio. A estas alturas, la comunicación con él, es fuerte y así nos entendemos. Respetamos cierta distancia y de dejar quedarse pegado un momento.

Siempre me ha llamado la atención el cigarro en la oscuridad. Hay tantos. Se mueven bailando. Son luciérnagas de Enero. De fondo veo a la carlita y a la Violeta bailando. Despreocupadas, frescas. Sensuales. Jóvenes. Las miro un rato. Reconozco ahora cierta femineidad en Violeta, que no había podido ver antes; como si por fin, hubiera bajado la guardia. Algo en ella, hace que se vea mas real. Javier me dice que va y vuelve. Fumo un cigarro un cigarro y me vuelvo invisible, quedo ajeno. Es mejor así. De incognito, entre tanta gente extraña.

En un momento voy paseando por el carrete, junto a mi vaso de vino y empiezo a inspeccionar. Intervengo un par de veces en conversaciones. En una, corrigiendo el nombre de quien había creado una canción. Me pareció innecesario, medio petulante, fuera de lugar. Solo con la intención de caer mal e irme. Tal vez así se volvía más interesante.

La segunda fue para ayudar a recordar el nombre de una película, que estaba relatando una mina. Ella me queda mirando entre sorprendida y de alivio. Luego me Agradece y me pregunta si la había visto. Digo que si, que me pareció notable la actuación de Brad Pitt. Al instante me pregunta si soy amigo de Max. Todo muy informal, como si no pudiera la cosa. Alcanzo a saber que se llama Helena y de que estudia periodismo, cosas básicas, nada importante, cuando llega una amiga y le dice que tiene que conversar con ella. Helena la queda mirando, como haciendo el esfuerzo mínimo de protesta, pero en cosas de segundos, Helena se disculpa conmigo. Me regala una pequeña sonrisa y la veo irse.

Tomo un sorbo y voy donde esta el Javier. Está conversando, con dos ex compañeros. Ni ahí con unirme, le pregunto por el vino. Javier me dice que esta debajo de la mesa.  Me tomo lo que queda de sorbo. Ya estoy curado. Me sirvo de nuevo y dejo el vino de nuevo en su escondite. Miro la hora. Miro a la gente. Me encuentro con la mirada de Helena, pero la desvía para mirar a la persona con la cual está conversando. El parece estar jotiándosela y ella reacciona algo coqueta.

Me pregunto, si así mismo me veía cuando hablaba con ella o si ella actuaba al igual que ahora o si ella está actuando así, porque esta consiente, de que la estoy mirando. De todas formas, preferí mostrarme indiferente a esta provocación. Luego entro al comedor, para seguir a la cocina en busca del baño. Hay gente en cada rincón de la casa – por ahí -  me indican y apuntan a un pasillo – Al fondo a la derecha.
Un clásico.

En el baño, descanso un rato, del ruido. Me miro en el espejo y tengo los ojos rojos. Me lavo la cara, para poder despabilar un rato. Siento que tocan la puerta y grito – Salgo al tiro – y me hecho nuevamente agua a la cara. Salgo.

Voy directamente al patio. Respiro un poco de aire. En eso, el Javier, que está conversando con la Leo, otra mina de Temuco, me hace una seña. La saludo y la Leo me pregunta, donde me había metido, - por ahí – respondo. Javier me vuelve a pedir papelillos y comienza armarse uno. La Leo, nos dice que somos unos ángeles, caído del cielo y comenzamos a fumar.

Leonor, bonito nombre. Le hace justicia a su persona, pero el problema de ella, es que me produce mas ternura, de lo que me atrae. Ella comienza a contar, que se quedo dormida y que tenía una prueba temprano, a las 8:30 y de cómo todo el mundo estuvo en su contra, para que llegase, aún, mas tarde. Su relato, era lo mas gracioso. Su forma de cómo narra y como todo iba saliendo mal en peor. Después de fumar, la Leo nos insiste, de que vallamos a bailar, pero no hubo tiempo, ni para negarse, cuando nos toma del brazo y nos lleva hacia donde todos están bailando. Llegamos al lado de Carlita, que aún siguen bailando con la Violeta. Hacemos un grupo grande y los cinco, nos ponemos a bailar, sin ningún tipo de ataduras, ni compromisos, ni malas o dobles intenciones. Solo disfrutar el bailar por bailar.

Me relajo, cierro los ojos y me dejo llevar al ritmo de la música. Dejo de pensar. Me desconecto. Me voy en el viaje y se vienen imágenes del universo. Me introduzco en una cámara lenta; en pequeños circuitos, repetitivos y reiterados. En un ciclo eterno, en la nada.

Con la Leo, nos ponemos a wuebiar y hacemos una competencia de movimientos. Una batalla. Al cual de a poco, fue motivando al resto de la gente. Bailo un rato con la Carlita, que también tiene sus pasos y no para de derrochar sensualidad. Como iba diciendo… todo importa una mierda. Por un rato. Todo se hizo mas fácil.

En un momento. La Violeta se acerca a la Carlita y le dice algo al oído. Ella le contesta, pero yo no alcanzo a oír nada. La Carlita, cambia radicalmente su expresión. Se nota que la cosa se puso seria. Ella me hace un gesto y se me acerca diciendo que ya va volver y me dice que no me mueva. Hago un gesto de aprobación y se lo reafirmo con el pulgar levantado. Miro los ojos de la Violeta y los tiene oscuros, idos, como si estuviera mirando, todo lo que pasa, en su cabeza. Pienso en que no va a volver.

Me despreocupo. Me dejo llevar.

La Helena, se pone a bailar al lado mío y en ciertos momentos, nos acercamos  tanto que pareciéramos, que estuviéramos bailando los dos y así estuvimos un rato por este vaivén. El joteo cíclico, al coqueteo. Todo estaba confabulado a eso. La música. El beat. La oscuridad. El vernos entre sombras.

Helena se me acerca al oído y me dice
- ¿cuándo me vas a pedir que bailemos?
- A caso, ¿no estamos bailando, ya?. Le contesto.
- Tu sabrías, que estamos bailando.

Luego ella se aleja, mientras me clava la mirada. Seguimos bailando solos. Ella con una amiga. Un paso aquí y otro por allá y nosotros seguimos orbitando y nos vamos topando. En ese instante, le digo – y si nos saltamos las formalidades -  mientras ella me sonríe y desvía la mirada, luego ella suelta un – ya po – y se me empieza acercar muy lento. Cuerpo con cuerpo. Rozándonos. Alejándonos y todo empezó a fluir. Todo era nuevo. Nuestras narices, se fueron encontrando y descubriendo nuestras caras, hasta que comenzamos a besarnos , pero Helena me empuja, sorpresivamente hacia atrás. Helena sonríe y de alguna manera me hace entender, que solo era una muestra. Impone su espacio y su dominio. No quiere mas lentitud, ni torpeza. La dejo actuar. Vuelve acercarse y me da un piquito, fuerte pero fugaz. Me seduce. Me da la espalda. Mi cara recorre su cuello. Ella hace lo mismo con su mano y nos acomodamos para besarnos.

Lento.

Nos besamos.

Me vuelve a empujar.

Seguimos bailando.

En eso se siente un golpe. Alguien se cayo al suelo. Dos tipos van rápidamente a recogerla y nos damos cuenta que era la amiga de la Helena. Ella sale al instante a su socorro. La mina está hecha pico de curada.

Ahí me volví a darme cuenta, de que tampoco va a volver… Helena se me acerca y me da un beso corto, pero intenso y solo me dice – para la otra- yo la detengo y le pregunto por su apellido  - solo basta con Helena – la veo irse.

Nuevamente solo. Pienso que no es mi noche. Que el destino, está confabulando, una vez más. Para está pelea eterna con él. Nacho versus el destino. Por un momento pensé, que iba a ganar, pero será para la otra.

Miro la hora. Creo que no hay nada mas que hacer aquí. No para mi, en todo caso. Veo a Javier, quien está haciendo puntos con la Leonor. Espero que le resulte. Sé que en el fondo de su corazón, siempre le ha gustado. La música cambia y comienza la cumbia. Yo de lejos, hago una seña al Javier, avisándole que me voy. El pregunta por que y dice que lo espere, claro que todo esto con puros gestos. Con su mano, me ofrece fumar otro pito, pero es todo por hoy. Finalmente comprende y se cuadra como un militar. Me da risa.

Salgo por el pasillo, por donde estacionan el auto, que conecta el patio con el portón. Afuera vuelvo a mirar la hora. No es tan tarde, pero las micros ya no pasan con tanta frecuencia. Me pongo audífonos y a caminar. Un plan sin muchas opciones.

La enfermedad de los ojos. Gepe. Algo como para poder musicalizar, está noche perdedora y llena de trampas y de mucha torpeza.

Las calles están vacías, lleno de faroles naranjos. De ese color de noche antigua. La del pasado, no como ahora. Luz blanca, en medio de la noche. Eso todavía me parece de la ciencia ficción. Cerca de la casa de mis abuelos, hay un supermercado a la entrada de la Ciudad Satélite, que tiene un cartel grande iluminado por luces blancas. Que extraño. Siempre que lo veo de noche, parece que estuviera photoshopeado, pero en tiempo real. Algo me produce, una mezcla de realidades, que se están interponiendo, hasta eliminar a la otra. Eso me parece que abre muchas posibilidades y eso ya es ciencia ficción, aunque ni tan ciencia, ni tan ficción. Voladas al fin y al cabo.

Po algún momento, cuando estaba mirando la hora, por ultima vez, pensé que podría a ver visto a la Carlita. Me imaginé como podría a ver sido nuestro encuentro. Se me ocurrían un montón por segundos. Las llegaba a ver o como de tener un proyección en mi cabeza. Claro que la que mas me gustaba era la menos probable, la imposible.

Quiero fumar, pero me doy cuenta que no tengo y la calle es larga y no se ve ni un alma en pena. Parece comienzo de película de Zombi.

Espere la micro, como uno espera en la vida. La mayoría son largas. Mucho compromiso. Tomé la micro. No pasó nada durante el viaje, solo ruido de micro, que de repente coincidía, con lo que sonaba. Me baje y camine para mi casa. Otro puro instante almacenado en mi memoria temprana. Espero que no pase más allá. No vale la pena.

Antes de acostarme, tuve la sensación, de que un bicho, se mueve por mi oreja. De cómo voy sintiendo de apoco, su pequeñas patitas y como acto reflejo, te metes el dedo y no sabes si lo mataste o si te lo metiste mas adentro o si termino por salir. Piensas en que no entró o escapó, pero quedas con la sensación de que está ahí y no se piensa mover, hasta que sienta que no está corriendo peligro alguno.

Me doy cuenta, que solo fue una sensación.

Nada de esto pasó, pero quedas con una sensación en la oreja… sabes…

Como este cuento.

El autor.