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domingo, agosto 02, 2015

Martes de Agosto



Mi mente es algo frágil
Y suelo perder ciertos
                                          Detalles
Que por la falta
                             de estos
veo que pueden ser importantes
es algo difuso
                          todo
Difuso todo y me pierdo
Con la fantasía de que
Alguna vez
Pillarlos, pero
Nunca lo hago.

Ahora acostado
Con ansias
De fumar y verte
Y desde mi ventana
Todo el mar de luces
                                        Pasadas
Pesadas y yo
Cubierto de brillo
                                  Futurista
De mi computador.

Vivo en la ironía
De todo esto
Pero ya no
                      Rio
¿pero quien se puede
                                         reír?
Bajo estas
                    Circunstancias
Me pierdo en las horas
Y en estos últimos cinco
                                              Años
Que no parece ser
Mas que otro
                     Martes 
                                de agosto.


domingo, abril 19, 2015

Tiempo Cotidiano VII



Me corté la barba. Eso estuvo mal. Siempre lo va ser.  Nómade. Así me encuentro. Este último mes y medio, pero esta sensación no ha parado desde los dieciocho años. Pero hoy me doy cuenta.

Establecerme me cuesta y gran parte, tiene que ver, con esta condición de no pertenecer a ningún lugar, ni a nadie eventualmente, a parte de mi problema de comunicación, me va bien. La gente siempre tiene ganas de wuebiar y además la mía parece bíblica y me he encontrado con grandes semidioses del wuebeo, hace que parezca el más pequeño del olimpo.

Ha sido un viaje intenso, entre el deber y el placer, sin tregua al descanso. Nadie quiere enfrentar la realidad, menos sobrio y me veo moviéndome y de la ventana se puede ver algo parecido a la realidad, pero todo está maquineado y seríamos muy inocentes si no lo pudiéramos ver o sentir, pero es más fácil hacerse los tontos, que quedar afuera, aunque sería el camino más correcto. Dejar lo banal y solo hacer lo que debiera primar y quedarse en el amor. En toda su gama y no en el primer sentido de la palabra.

Sigo moviéndome, porque también descubrí que quedarme quieto me produce rechazo, ansiedad, inseguridad, aburrimiento, depresión, dentro de otras sensaciones y sentimientos. Cosa muy difícil, ya que quedarme quieto es otro de mis talentos y termino siendo contraproducente con mi yo verdadero y creo que por eso tiendo a la autodestrucción. La vida no es más que uno caminando. ¿A dónde?, Siempre da lo mismo y así divago, divago y me pierdo en el laberinto mental, de que poco importa y nada sirve. No prestar atención a la vida. Perderse en el pasado-futuro. En la ficción, la realidad, en los extremos, en lo binario.

Me atrapo por imágenes preciosas. El futuro. El movimiento, el tiempo, la pobreza. Las repeticiones. La producción a grandes escalas. El caos. El sin sentido. Por ejemplo el otro día, estaba más atrapado a no más poder. Hora pick, transantiago, yendo de Maipú a la ciudad satélite. Iba con las intención de seguir leyendo y ya que la realidad o el destino o como prefieran llamarlo. El punto es que tenía el libro en una mano y con la otra la mochila, para que no me robaran - me vuelvo paranoico en esta ciudad – y en eso me suena el celular. Por supuesto iba volado, sí que me imagino que no reacciono muy “normal” (quien lo es), sí que tengo una conversación de lo más incómoda. Ya que no se escuchaba bien, también me imagino que mis respuestas no eran las más claras.

El destino – nuevamente – no quiso que esto pasara, pero al final de la conversación, termino en otra posición, dentro del mismo espacio y se me abre todo mundo en la micro, que antes estaba ignorada por mi espalda. El cuadro era hermoso. Digno de una gran foto y extrapolable a direcciones infinitas. Gente apretada por un largo pasillo y a mitad de este, un nivel de altura, que hace que el volumen de gente sea mayor. Por momentos pareciera que fueran un ramo de flores, con diversos colores que nos trae el otoño (y esto me pone ansioso por el invierno). A veces un hermoso coliflor humano, perfectamente iluminado por un día de otoño, pero la imagen que predominó, fue la que eran un coro, cantando algo de lo más majestuoso  y angelical. Los que estaban un nivel más, el sol que ya comenzaba a bajar , golpeando. Dibujando el perfil de sus rostros.

En un momento me tuve que correr de mi puesto y termine al frente de una mujer, que con mucho esfuerzo intentaba de salir de los brazos de Morfeo. Era linda, pero el atardecer embelleció todo este pequeño instante, todo lo que sea el universo y la existencia. Bellos momentos, que me sacan de la realidad, pero que realmente hacen lo contrario. Me adentro más y más en ella.

Creo que debería escribir, sobre dos personajes que van a un hotel abandonado y no sé cómo se me cuela la idea de un tercer personaje. Esta vez mujer. Tal vez lesbiana, pero creo que se podría ir por otros lugares más engorrosos, que yo jamás podría salir. Después viene a mí, un funeral o un velorio y más bien uno pequeño. Luego fantasmas en el hotel o jugar con una realidad paralela o algo por el estilo. De ahí solo divago, hasta que caigo por otros laberintos.


Tal vez sea el invierno que se acerca. Todavía tengo que prestarle atención a cosas que se me pasan. Unir rompe cabezas y enfrentarme a mí mismo, pero para eso está el invierno.

martes, septiembre 10, 2013

Repeticiones, descomunicaciones y otras torpezas



En algún momento de la noche, me veo atrapado en una micro, por el centro de Santiago. Las luces de neón, van invadiendo los rostros de los pasajeros, cansados, pero con cierto alivio de viernes por la noche y la micro avanza lento sin apuros. Las imágenes que va proporcionando la ciudad, es variado, caótico, random, pero todo parece calzar con el disco de Nancy Dupree, que voy escuchando. Todo tan tranquilo, gracias a Nancy Dupree, que siento un poco de alarma, como de esas sensaciones de morir atropellado o algo por el estilo. Sabes que va a pasar o dejas esa posibilidad abierta , pero no sabes cuando.

En un momento suena mi celular. Javier, quien me llama preguntando donde estaba – estoy cerca – respondo. Luego me dice que me apure, que tiene un cañito, para cuando llegue. Yo vuelvo a insistir, en que estoy cerca, como en unos diez minutos. Javier me hace prometer de que le estoy diciendo la verdad – lo prometo – después me dice que me esperará en el paradero, para que fumemos antes de entrar al carrete.

Cuando me bajo, efectivamente está Javier, con medio cigarro a medio consumir y al verme se alegra, como ese video del perro, que ve a su dueño, después de cinco meses. En ningún caso, pienso en Javier como un perro y menos que yo sea su “amo”, pero de verdad se alegra y me da un abrazo.

- No te demoraste na, perro. Me dice Javier
- Te dije que estaba cerca. Oye, ¿qué onda, lo de Max?
- No cacho, la verdad. Igual es raro que este wueón nos haya invitado.
- Si loco. Yo hace dos años que no lo veo.
- … demás. Yo el otro día me lo encontré y ahí me invito. Bueno igual me pregunto por ti y ahí le conté, que nosotros siempre nos vemos.

Javier se hecha la mano al bolsillo y saca una caja chica de metal. Luego mira para todos lados y me pregunta si tengo papelillos. Le paso uno y comienza a armarse el pito, luego continua diciendo – Bueno no sé si te conté o ¿te conté?, hermano. – Pone una cara de duda y me pasa el pito para que lo encienda. – La cosa, es que me hablo la carlita.
- ¿Qué carlita?. Pregunto
- La carlita po, la carlita… la… esta mina…
Yo lo quedo mirando extraño, mientras fumo a todo pulmón.
- …la Carla - Insiste Javier – la del colegio.
- Aaaaaa - Digo sorprendido, mientras aguanto la respiración. Le paso el pito a Javier. Boto el humo, mientras toso y me baja… toda la sensación de estar volado. Esa pequeña sensación de felicidad y tranquilidad. De libertad y todo me importa una mierda, por un rato. Después, solo tranqui.

- y ¿qué onda?. Le pregunto al Javier.
- ¿con qué?, ¿qué onda?. Completamente perdido.
- Con la Carlita.
- Ah, cierto, hermano. Lo siento. Me fui a la chucha unos segundos. El Javier se ríe mientras me contesta – puta nada…. O sea, me pregunto si íbamos a venir donde el Max. Yo le digo que si y le pregunto, el por qué, ya que todo me pareció tan extraño. Ahí hace un pausa y fuma una quemada exprés y me lo pasa. A veces creo que solo hace esto, porque es un maestro del suspenso.
- … la cosa - Continua Javier – es que me lo dice, porque ella va a venir y que nos veamos acá en Santiago. Que ella se va a sacar un caño y wueas.
- … y ¿qué tiene que ver la Carlita con Max?
- No sé. Serán amigos… igual estos wueones son o eran como populares.
- No demás que si, pero el max no se fue en tercero (medio) a vivir acá y la carlita, “llego a nuestras vidas”, cuando nosotros estábamos en cuarto.
- … ¿y?
- El max, ni siquiera vino para las alianzas, de ese año.
- ¿internet?
- Si, puede ser. Eso me suena mas a Max.

Termina de fumar y caminamos dos cuadras hacia el oriente, en busca de una botillería, que al parecer, Javier sabía de su existencia. Preguntamos por vino y una promo de pisco. Nos costó decidirnos, pero terminamos optando por dos vinos. Uno de un litro y el otro de dos. Tinto. En caja. Santa Helena.
Regresamos las dos cuadras y doblamos al norte y nos encontramos afuera de la casa de Max. Una casa grande, cerca de los leones. Escondida por viejos edificios, de nos más de cuatro pisos. El barrio se ve tranquilo, incluso para ser viernes por la noche. Tocamos el timbre y nos abren dos tipos, el portón de la casa. Ni el Javier, ni yo los habíamos visto en la vida y solo tuvimos que preguntar por el Max y nos dejaron pasar. No sé si fue que transmitimos confianza o simplemente un gesto de indiferencia. Luego nos dicen – En el patio – y nos indican con la mano, donde teníamos que ir.

No es un gran patio, pero no se puede decir que es chico. Tampoco hay mucha gente. Diría que hay como unas quince personas. La mayoría alrededor de la parrilla. Se ven animados. Lo están. Con Javier, hacemos un saludo general, algo tímido. De un grupo de diez personas, se dan vuelta dos, que nos quedan mirando , como si estuviéramos mendigando. Javier pregunta por el Max y una mina de ojos pardos, se da la molestia en contestarnos – creo que está en la cocina – y termina con una pequeña y cordial sonrisa. Javier responde con un – gracias -  y se queda unos segundos mirándola fijamente. Luego cruzamos el patio y fuimos saludando a quienes nos topábamos en el camino. En eso llegamos a la cocina, pero ni rastros de Max. Volvimos al patio y nos arrinconamos en una esquina  de una mesa que hay. Sacamos unos vasos plásticos y nos servimos vino. Enciendo un cigarro y con Javier nos quedamos mirando, tratando de descifrar el carrete, pero ya a esas alturas, no había mucho que hacer. Me imagino, como nos debemos ver, como un par de drogadictos, que se equivocaron de lugar, pero que van a tratar de vender la drogas. Bueno, por lo menos así me siento.

En eso un tipo cambia la música y pone a K.C and the sunshine band y se une, nuevamente al grupo con quienes estaba conversando y comienzan hablar sobre como antes, la gente bailaba estas canciones en patines y la onda disco. Nada mas ridículo, porque ninguno sabe de lo que hablan, solo tienen referencias a ciertas películas, que por algún motivo, nadie quiere olvidar. En eso, todos se dan la vuelta y comienzan a gritar. Max hace su entrada “oficial” y también grita algo, que no puedo entender. Alguien se le acerca y le dice algo al oído, luego Max mira a nuestra dirección y hace un gesto de que no hay problema – Buena loco, pensé que ya no venían – mientras se acerca y nos saluda con un abrazo.

- Feliz cumple viejito – le digo – mucho éxito.
- Vale, vale, gracias. Contesta.
- Feliz cumple hermanito. Le dice Javier, mientras lo abraza
- … y ¿están hace rato?, a ¿qué hora llegaron?. Nos pregunta Max
- mmm… hace como unos diez minutos, o ¿no?. Javier me queda mirando buscando aprobación.
- Tal vez menos – Termino por contestar – y tu, ¿cómo hay estado?
- Bien  - contesta Max – algo curado, pero la raja.
- Bacán, bacán. Interfiere Javier.

La chiquilla de los ojos pardos, se acerca a nosotros y sorpresivamente nos llama por nuestros nombres. Con Javier nos quedamos mudos y sin saber como reaccionar. Max se queda callado, pero tiene una sonrisa malévola. Ella nos dice – Tanto tiempo ha pasado que no se acuerdan de mi? – trato de hacer el esfuerzo, pero mes inútil. Javier se acerca, como inspeccionándola

 - Carrete donde el Emiliano, 2007 – Alarga Javier – ¿La mujer más prendida del carrete?
- La misma en persona.
- Buena carlita. Dice Javier, luego le da un abrazo.

Ella se lanza a abrazarme, después que termina con Javier.

- ¿Cómo han estado chiquillos?
- Si, bien, bien. Responde Javier.
- No se esperaban está sorpresa. Comenta Max
- Si… el medio encuentro. Responde Javier.
- Yo… ni siquiera te reconocí – comento- cuando llegamos.
- Já, si cache – responde –estaba viendo cuando se demorarían en hacerlo, pero no pude aguantar mas… igual en un momento, pensé que el Javier lo había hecho.
- ¿cuándo te quede mirando?. Pregunta Javier
- Si. Dice ella
- Sabía que te me hacías familiar, pero no cachaba de donde. Dice Javier.

En eso nos ponemos a conversar de Temuco y del colegio. Max nos cuenta, de la gente de Temuco que también tiene deberían venir. La Carlita se nota feliz de vernos y nos cuenta que hace unos meses, se estuvo acordando de nosotros. Yo la inspecciono, me fijo en detalles. Pestañea mil veces por segundo. Te mira fijo mientras te habla, cosa que uno termine hipnotizado. Su voz es dulce y sus movimientos rápidos, pero nada al azar. Sus pechos, bien puestos, firmes y su cadera pronunciada. Pies pequeños. Totalmente alejada a la imagen que guardo de ella, en el colegio. Ahora es una mujer, por donde se le mire. La Carla, aunque nunca le gustó que le dijéramos así, le pregunta a Max por un lugar mas piola, porque se va a sacar un pito. Definitivamente los tres nos enamoramos al instante. Ella nos dice que la esperemos, donde Max había indicado, “como el lugar mas piola”, ella va a ir a buscar a otra persona, que quiere que conozcamos – de acuerdo – dijimos y nos pusimos a caminar. En el instante Max nos advierte de que la carlita nos va a sorprender.
Con Javier, nos quedamos mirando algo metidos, pero le restamos importancia. Max siempre ha sido exagerado para todas sus wueas. En eso llega la Carlita, con otra mina, y nos presenta.

- Chicos, ella es la Violeta. Violeta, el es Javier y el es nacho.
Nos saludamos algo cordial y luego la Carla vuelve a interrumpir.
- Chicos, ella es mi polola.
Cuando termina de decirlo, Violeta le da un beso en la boca, algo apasionado. Marcando territorio. Con Javier, nos quedamos pa dentro, mientras Max, sonríe, como un depravado quinceañero.

La Carla le pregunta por la marihuana a la Violeta; y comienza a en rolar uno, mientras afirma – estos cogollos, están buenos.
Las manos de la carlita, tienen un dominio impresionante. Se lleva el papelillo a la boca y muy lento, va pasando la lengua y lo va cerrando.
Max le acerca el fuego, antes de que alguien lo pidiese. La Carlita lo detiene y lo enciende con su propio encendedor zippo y ya todos, como con angustia. Estamos hipnotizado por ella. Tose y se lo pasa a la Violeta.

De ahí el pito va corriendo de mano en mano y comenzamos hablar de que estamos mas viejos. Nada muy interesante. Algo mas bien obvio ya que, estamos recién reconociéndonos. La verdad es que ninguno de nosotros se había visto en años. Me pongo a pensar en las relaciones. Humanas y de cómo terminamos en distintas proyecciones, que de cierta forma se volvieron a juntar. Al parecer todos los caminos llegan a Roma, pero Roma nunca es la parada final. Es algo, entre medio, desechable.
Casi sin resistencia volvemos al patio, que ya tiene mas energía, renovadas. Las conversaciones, son rápidas, de movimientos eufóricos. De miradas intermitentes. Hay mas gente y efectivamente hay mas “temucanos” y sin darme cuenta, estoy inmerso de gente que no solo, no la había visto, si no que había sido un acto consiente. Solo son pasado. Un recuerdo, un momento cordial y así fue durante quince minutos, que hacen que me de cuenta que estoy mintiendo al mismo nivel que el otro. Lo terrible de contar lo mismo y nada. Estar atrapado en una misma conversación, una y otra vez. Por que hoy, contigo iba a ser diferente.

Javier se me acerca y me queda mirando, como sabiendo, exactamente, como me estoy sintiendo, que termina por acompañar con un gesto, con su mano simulando una pistola, que se lleva a la cien e imaginariamente se suicidaba. Su cabeza hace un movimiento hacia su derecha y vuelve con una sonríe. No sé por que esto me da mucha risa, pero trato de aguantarla. Javier hace lo mismo y nos miramos y vemos como el otro, también está aguantando y nos da aún mas risa. Como si estuviera prohibido reírse. Siento como una lágrima va saliendo a medida, que toda esta estupidez se está volviendo cada vez mas graciosa y sin sentido. Después una sensación, como si volvieras a la realidad nuevamente y no cachar exactamente que fue lo que paso. Sientes un poco de vergüenza y tampoco sabes por qué y esto desencadena a miles de posibles preguntas, mientras que comienzas a respirar, a tomar oxigeno que llega a tu cerebro. Pensando mejor, decides olvidar lo que acaba de pasar y continuas. Así es la vida. La gente comienza a ponerse a bailar, mientras que alguien oscureció el carrete. Con Javier, nos encontramos de espectador. En un rincón, en silencio. A estas alturas, la comunicación con él, es fuerte y así nos entendemos. Respetamos cierta distancia y de dejar quedarse pegado un momento.

Siempre me ha llamado la atención el cigarro en la oscuridad. Hay tantos. Se mueven bailando. Son luciérnagas de Enero. De fondo veo a la carlita y a la Violeta bailando. Despreocupadas, frescas. Sensuales. Jóvenes. Las miro un rato. Reconozco ahora cierta femineidad en Violeta, que no había podido ver antes; como si por fin, hubiera bajado la guardia. Algo en ella, hace que se vea mas real. Javier me dice que va y vuelve. Fumo un cigarro un cigarro y me vuelvo invisible, quedo ajeno. Es mejor así. De incognito, entre tanta gente extraña.

En un momento voy paseando por el carrete, junto a mi vaso de vino y empiezo a inspeccionar. Intervengo un par de veces en conversaciones. En una, corrigiendo el nombre de quien había creado una canción. Me pareció innecesario, medio petulante, fuera de lugar. Solo con la intención de caer mal e irme. Tal vez así se volvía más interesante.

La segunda fue para ayudar a recordar el nombre de una película, que estaba relatando una mina. Ella me queda mirando entre sorprendida y de alivio. Luego me Agradece y me pregunta si la había visto. Digo que si, que me pareció notable la actuación de Brad Pitt. Al instante me pregunta si soy amigo de Max. Todo muy informal, como si no pudiera la cosa. Alcanzo a saber que se llama Helena y de que estudia periodismo, cosas básicas, nada importante, cuando llega una amiga y le dice que tiene que conversar con ella. Helena la queda mirando, como haciendo el esfuerzo mínimo de protesta, pero en cosas de segundos, Helena se disculpa conmigo. Me regala una pequeña sonrisa y la veo irse.

Tomo un sorbo y voy donde esta el Javier. Está conversando, con dos ex compañeros. Ni ahí con unirme, le pregunto por el vino. Javier me dice que esta debajo de la mesa.  Me tomo lo que queda de sorbo. Ya estoy curado. Me sirvo de nuevo y dejo el vino de nuevo en su escondite. Miro la hora. Miro a la gente. Me encuentro con la mirada de Helena, pero la desvía para mirar a la persona con la cual está conversando. El parece estar jotiándosela y ella reacciona algo coqueta.

Me pregunto, si así mismo me veía cuando hablaba con ella o si ella actuaba al igual que ahora o si ella está actuando así, porque esta consiente, de que la estoy mirando. De todas formas, preferí mostrarme indiferente a esta provocación. Luego entro al comedor, para seguir a la cocina en busca del baño. Hay gente en cada rincón de la casa – por ahí -  me indican y apuntan a un pasillo – Al fondo a la derecha.
Un clásico.

En el baño, descanso un rato, del ruido. Me miro en el espejo y tengo los ojos rojos. Me lavo la cara, para poder despabilar un rato. Siento que tocan la puerta y grito – Salgo al tiro – y me hecho nuevamente agua a la cara. Salgo.

Voy directamente al patio. Respiro un poco de aire. En eso, el Javier, que está conversando con la Leo, otra mina de Temuco, me hace una seña. La saludo y la Leo me pregunta, donde me había metido, - por ahí – respondo. Javier me vuelve a pedir papelillos y comienza armarse uno. La Leo, nos dice que somos unos ángeles, caído del cielo y comenzamos a fumar.

Leonor, bonito nombre. Le hace justicia a su persona, pero el problema de ella, es que me produce mas ternura, de lo que me atrae. Ella comienza a contar, que se quedo dormida y que tenía una prueba temprano, a las 8:30 y de cómo todo el mundo estuvo en su contra, para que llegase, aún, mas tarde. Su relato, era lo mas gracioso. Su forma de cómo narra y como todo iba saliendo mal en peor. Después de fumar, la Leo nos insiste, de que vallamos a bailar, pero no hubo tiempo, ni para negarse, cuando nos toma del brazo y nos lleva hacia donde todos están bailando. Llegamos al lado de Carlita, que aún siguen bailando con la Violeta. Hacemos un grupo grande y los cinco, nos ponemos a bailar, sin ningún tipo de ataduras, ni compromisos, ni malas o dobles intenciones. Solo disfrutar el bailar por bailar.

Me relajo, cierro los ojos y me dejo llevar al ritmo de la música. Dejo de pensar. Me desconecto. Me voy en el viaje y se vienen imágenes del universo. Me introduzco en una cámara lenta; en pequeños circuitos, repetitivos y reiterados. En un ciclo eterno, en la nada.

Con la Leo, nos ponemos a wuebiar y hacemos una competencia de movimientos. Una batalla. Al cual de a poco, fue motivando al resto de la gente. Bailo un rato con la Carlita, que también tiene sus pasos y no para de derrochar sensualidad. Como iba diciendo… todo importa una mierda. Por un rato. Todo se hizo mas fácil.

En un momento. La Violeta se acerca a la Carlita y le dice algo al oído. Ella le contesta, pero yo no alcanzo a oír nada. La Carlita, cambia radicalmente su expresión. Se nota que la cosa se puso seria. Ella me hace un gesto y se me acerca diciendo que ya va volver y me dice que no me mueva. Hago un gesto de aprobación y se lo reafirmo con el pulgar levantado. Miro los ojos de la Violeta y los tiene oscuros, idos, como si estuviera mirando, todo lo que pasa, en su cabeza. Pienso en que no va a volver.

Me despreocupo. Me dejo llevar.

La Helena, se pone a bailar al lado mío y en ciertos momentos, nos acercamos  tanto que pareciéramos, que estuviéramos bailando los dos y así estuvimos un rato por este vaivén. El joteo cíclico, al coqueteo. Todo estaba confabulado a eso. La música. El beat. La oscuridad. El vernos entre sombras.

Helena se me acerca al oído y me dice
- ¿cuándo me vas a pedir que bailemos?
- A caso, ¿no estamos bailando, ya?. Le contesto.
- Tu sabrías, que estamos bailando.

Luego ella se aleja, mientras me clava la mirada. Seguimos bailando solos. Ella con una amiga. Un paso aquí y otro por allá y nosotros seguimos orbitando y nos vamos topando. En ese instante, le digo – y si nos saltamos las formalidades -  mientras ella me sonríe y desvía la mirada, luego ella suelta un – ya po – y se me empieza acercar muy lento. Cuerpo con cuerpo. Rozándonos. Alejándonos y todo empezó a fluir. Todo era nuevo. Nuestras narices, se fueron encontrando y descubriendo nuestras caras, hasta que comenzamos a besarnos , pero Helena me empuja, sorpresivamente hacia atrás. Helena sonríe y de alguna manera me hace entender, que solo era una muestra. Impone su espacio y su dominio. No quiere mas lentitud, ni torpeza. La dejo actuar. Vuelve acercarse y me da un piquito, fuerte pero fugaz. Me seduce. Me da la espalda. Mi cara recorre su cuello. Ella hace lo mismo con su mano y nos acomodamos para besarnos.

Lento.

Nos besamos.

Me vuelve a empujar.

Seguimos bailando.

En eso se siente un golpe. Alguien se cayo al suelo. Dos tipos van rápidamente a recogerla y nos damos cuenta que era la amiga de la Helena. Ella sale al instante a su socorro. La mina está hecha pico de curada.

Ahí me volví a darme cuenta, de que tampoco va a volver… Helena se me acerca y me da un beso corto, pero intenso y solo me dice – para la otra- yo la detengo y le pregunto por su apellido  - solo basta con Helena – la veo irse.

Nuevamente solo. Pienso que no es mi noche. Que el destino, está confabulando, una vez más. Para está pelea eterna con él. Nacho versus el destino. Por un momento pensé, que iba a ganar, pero será para la otra.

Miro la hora. Creo que no hay nada mas que hacer aquí. No para mi, en todo caso. Veo a Javier, quien está haciendo puntos con la Leonor. Espero que le resulte. Sé que en el fondo de su corazón, siempre le ha gustado. La música cambia y comienza la cumbia. Yo de lejos, hago una seña al Javier, avisándole que me voy. El pregunta por que y dice que lo espere, claro que todo esto con puros gestos. Con su mano, me ofrece fumar otro pito, pero es todo por hoy. Finalmente comprende y se cuadra como un militar. Me da risa.

Salgo por el pasillo, por donde estacionan el auto, que conecta el patio con el portón. Afuera vuelvo a mirar la hora. No es tan tarde, pero las micros ya no pasan con tanta frecuencia. Me pongo audífonos y a caminar. Un plan sin muchas opciones.

La enfermedad de los ojos. Gepe. Algo como para poder musicalizar, está noche perdedora y llena de trampas y de mucha torpeza.

Las calles están vacías, lleno de faroles naranjos. De ese color de noche antigua. La del pasado, no como ahora. Luz blanca, en medio de la noche. Eso todavía me parece de la ciencia ficción. Cerca de la casa de mis abuelos, hay un supermercado a la entrada de la Ciudad Satélite, que tiene un cartel grande iluminado por luces blancas. Que extraño. Siempre que lo veo de noche, parece que estuviera photoshopeado, pero en tiempo real. Algo me produce, una mezcla de realidades, que se están interponiendo, hasta eliminar a la otra. Eso me parece que abre muchas posibilidades y eso ya es ciencia ficción, aunque ni tan ciencia, ni tan ficción. Voladas al fin y al cabo.

Po algún momento, cuando estaba mirando la hora, por ultima vez, pensé que podría a ver visto a la Carlita. Me imaginé como podría a ver sido nuestro encuentro. Se me ocurrían un montón por segundos. Las llegaba a ver o como de tener un proyección en mi cabeza. Claro que la que mas me gustaba era la menos probable, la imposible.

Quiero fumar, pero me doy cuenta que no tengo y la calle es larga y no se ve ni un alma en pena. Parece comienzo de película de Zombi.

Espere la micro, como uno espera en la vida. La mayoría son largas. Mucho compromiso. Tomé la micro. No pasó nada durante el viaje, solo ruido de micro, que de repente coincidía, con lo que sonaba. Me baje y camine para mi casa. Otro puro instante almacenado en mi memoria temprana. Espero que no pase más allá. No vale la pena.

Antes de acostarme, tuve la sensación, de que un bicho, se mueve por mi oreja. De cómo voy sintiendo de apoco, su pequeñas patitas y como acto reflejo, te metes el dedo y no sabes si lo mataste o si te lo metiste mas adentro o si termino por salir. Piensas en que no entró o escapó, pero quedas con la sensación de que está ahí y no se piensa mover, hasta que sienta que no está corriendo peligro alguno.

Me doy cuenta, que solo fue una sensación.

Nada de esto pasó, pero quedas con una sensación en la oreja… sabes…

Como este cuento.

El autor.

martes, julio 30, 2013

Mal Poeta


Hoy día me dijeron,
que era un mal poeta.
no sabía rimar, dijeron.
sabes otra cosa que no rima.
tú y yo.

lunes, marzo 25, 2013

Natalia




Santiago me hace mal, pero como todo síndrome de Estocolmo, me esta comenzando a gustar. No se si es que tengo mas tiempo o todo se esta volviendo a normalizar y ya nada es tan terrible.
El flaco me queda mirando y me dice que algo me cacha la idea, pero realmente su mente esta en otra parte. La cerveza cae como la noche y el ruido de Santiago se escucha a lo lejos, distante, como el flaco sin saberlo. El tampoco logra dar entenderse, dice que estar un año fuera, lo hizo pensar cosas poder conectarse, en cierto sentido sin estarlo, pero de que ese sentimiento se arraigo en el, sin querer y ahora no sabe que sucede. También me cuenta que el otro día vio a la cony, su ex, pero que sentía solo una pequeña costumbre, pero que nada mas y sabia que ella quería algo mas de lo poco que estuvieron conversando, que eran extraños de cierta forma. Además el estaba pensando en otra. En la que se quedo.
Luego queda en silencio y saca una pipa con marihuana, donde comienza a fumar todo lo que puede y me lo pasa. Yo me detengo en el sonido de la piedra del encendedor y luego escucho como la marihuana se va quemando de a poco. El silencio reina el lugar por unos segundos y termino por encender un cigarro y el humo comienza a bailar, al ritmo de la ciudad. Tenemos nostalgia sureña y luego me pregunta que he hecho durante todo este tiempo. Tuve que detenerme a pensar un rato y le dije que no mucho y que mi vida seguía en su curso. Le conté que Paulina me había hablado hace poco y que nos habíamos juntado hace poco, pero que nada paso y agradezco que haya sido así, pero que me comenzó hablar de nuevo.
-  ¿pero que onda. me dice el flaco - todavía se  gustan?
-   no lo sé. respondo y continuo - yo creo que ahora no, pero nos acostumbramos a estar ahí, cundo uno de los dos quiera.
- tení que puro darle
- No sé, ya me aburrí ser patas negras, a demás ella sabe que es inestable y que no puedo estar con ella en la cotidianidad, si que prefiere estar con un wueón que no ama antes que yo a distancia. Lamentablemente no puedo estarlo y no quiero estarlo.
- ¿pero que onda ustedes?.- me pregunta.
- ¿de que forma?
- no sé po, cuando estaban juntos. Me queda mirando 
- puta nada. Muy simple todo, de hecho, pero no es posible. Además ya paso su tiempo, yo corte relaciones con ella directamente, no la vi mas en 2 años y ahora volvió yo creo a tantear la onda y la ultima vez fue raro.
-  ¿cómo así?
- éramos desconocidos. Ya no la conozco, pero hay cierta parte que es igual, pero es pura química, costumbre o cariño, no lo sé, pero por ejemplo, el otro día nos pusimos a contar cosas que habíamos hecho durante estos dos años. Como si nos estuviéramos presentándonos pero ya no puedo confiar en ella. No la conozco o la conozco suficiente para cachar que jamás seremos, solo amigos solamente y ante eso, prefiero cortar por lo sano.
El flaco toma un sorbo de piscola y luego se queda en silencio. Piensa un poco en lo que me va a responder y solo termina diciendo que son raras las minas. Yo afirmo que si, pero nosotros no somos ejemplos de nadie y nos volvemos a quedar en silencio. De ahí hubo alguna que otra conversación sin importancia y mira la hora y decidí irme. Me despido. 

Voy caminado, un poco con frío y con nostalgia. Sin duda jamás estaremos conforme en el presente, si tranquilizamos el pasado y dejamos el futuro que caiga solo. Me detengo en una plaza a descansar y enciendo un cigarro. 
En mi alrededor no anda nadie, salvo unos perros callejero que se me acerca y se echan a mis pies, como haciéndome compañía. Enciendo un cigarro mientras miró unas ventanas que todavía están encendidas a lo lejos y que desde mi perspectiva se ven como space invader. Estaba en eso cuando soy interrumpido por la voz de una mina que me pregunta por papelillos. Quedo un poco descolocado, un poco por la pregunta y un poco por el misterio que me produjo al mirarla.
Tenía el cabello negro, largo y unos ojos delineados negros. Sus ojos eran grandes y profundos. Transmite cierta calma, mientras pido a dios tener uno. Finalmente encuentro uno y se lo paso. Ella me da la gracias y procede a sentarse al lado mío mientras lo hace, comienza a enrolar el pito.
Con una serenidad y delicadeza, sus movimientos de sus manos son completamente seguros, después se lo lleva a los labios y finalmente lo enciende y fuma con toda propiedad, que no se como reaccionar y solo seguir pegado . Ella después de unas quemadas me ofrece un poco, yo solo asiento con la cabeza y procede a pasármelo y me queda mirando como si nos conociéramos hace años. Fumo.
-  Esta bueno.
Toso.
Luego se lo paso y en el acto le pregunto como se llama. Ella me responde que Natalia en seco y hace una pausa y luego me pregunta que me llama la atención de lo que estaba mirando. Solo hay edificios. me dice ella.
Le respondo que no son los edificios lo que estoy mirando, si no la gente que vive en estos y como se ven cierta parte de su vida, en pequeños balcones o ventanas sin cortinas. La gente no acostumbre a poner cortinas, o nunca las cierran, como desafiando al voyerista o diciendo al mundo que poco importa. Me detengo, creo que estoy hablando mucho, que no termine como pedante o en estúpido entusiasmado.
-    así que eres voyerista. ¿Esa va hacer tu presentación?. - Me  queda mirando fijo y luego desvía la mirada hasta el suelo y se queda en eso.
-    disculpa mi sinceridad.
-    No dale, cada uno con lo suyo.
Luego no decimos nada por un rato, hasta que ella me pregunta si tengo un matacola. Enseguida, saco uno de mi bolsillo y ella me dice que es. Salbutamol, le respondo al instante. - estas seguro, me pregunta. Vuelvo afirmar y termino confesando que lo hice yo mismo, pero no veo ningún tipo de reacción sobre lo que le acabo de decir y luego continua con - es como jugar un poco, a los sims. Como cambiando el tema. 
-    es como un poco eso o como ver películas malas sin volumen
-    creo que ahora te puedo entender voyerista.
-    gracias. 
Saco nuevamente la cajetilla de cigarros, pero ahora le ofrezco uno a ella, que acepta sin decir nada y lo enciende, en seguida le pedí el fuego, que me lo paso sin despegarse de las pocas habitaciones que se veían a lo lejos por edificios altos.
-    igual, ver películas malas sin volumen son malas, para eso tienes que poner música, tu musicalizas en vivo una escena de una sola película de este gran y pésimo cine que da puras películas malas y mudas.
Ella muestra un leve sonrisa, o eso creía ver, porque era algo como la mona lisa. no sabes si es una sonrisa, porque sus ojos  son profundos, algo así me pasa con ella. Cuando me doy cuenta ella se pone unos audífonos y cierra los ojos, para abrirlos y clava la mirada en un punto, que ya estaba predeterminado. Luego se saca los audífonos.
-    Claro que es mucho mejor esto a películas malas… igual llevai su tiempo en esto.
-    es mejor que no quedarse en tu casa, mientras todos duermen.
Silencio.
-    y tu, ¿estas esperando a alguien?- le pregunto.
-    No.- pero me queda mirando un poco sorprendida- o sea, sí, en realidad, no sé ya.
Vuelve a quedar en silencio, pero por primera vez la noto mas real, pero dudo en seguir investigando un poco mas, aunque creo firmemente que es el momento para hacerlo, después se recuperará y volverá al personaje. No sé cual de los dos escenario prefiero, pero de una manera inconsciente, sé que me agradece no preguntar nada mas.
-    y tu ¿que esperas?.- me pregunta
-    ¿cómo que espero?
-    si po, todos esperamos algo.
-    chucha. No sé.-  con un tono de volao
-    justo ahora se acabo tu sinceridad.- y me clava la mirada, pero todavía mas distante que antes.
-    es que nada, en serio, es mucho mejor no esperar nada, si nada te van a dar.
-    voyerista y consejero - algo medio irónico.
-    a veces gracias.
-    me hubiera dicho eso hace unas semanas antes.
-    disculpa, también soy algo lento.
Me besa. Nos besamos, por un rato, largo. Luego se para y me dice que se tiene que ir. Yo la trato de detener, y la beso de nuevo, pero insiste en irse. Luego le pregunto el nombre, en un acto de volver a encontrarme, pero ella solo me responde que con mi nombre era suficiente, como si me estuviera desafiando y yo le digo Natalia, cuanto mas. Ella se ríe y me dice que con eso es suficiente, que Santiago es grande y que ya habrán mas rincones por donde verse. Dice chao y la veo irse. Caminando. Lento a lo lejos.
Me pongo audífonos y comienza a sonar "meet me in the morning" de Dylan y me doy cuenta que ya esta amaneciendo y que pronto el metro se abrirá. Me fumo el ultimo cigarro y comienzo a caminar hacia el metro. No había mucha gente madrugando, me pero igual se lleno todos los asientos, no me hago gran problema y me siento en el suelo. Veo como la gente va durmiendo en el metro, mientras avanzan a sus destinos, otros leen el diario o van escuchando música. Hay una cierta tristeza de lunes por la mañana y comienza a poblar piernas gigantes y luego a negro.
Abrió los ojos y todo cambió. Me preocupo un poco, pensando en que estaba mal. Termino en la plaza Maipú. Luego cruzo la calle y espero la troncal. La micro anda rápido, ya que casi nadie va, para la ciudad satélite o Padre Hurtado, Talagante. 
En el transcurso trato de acordarme de Natalia, pero no puedo precisar su cara, salvo su mejilla izquierda y el pelo en la cara, mirando hacia los edificios, pero esa imagen cada vez se fue poniendo mas vaga, y tengo solo distintas sensaciones que eran ella.
Luego camino, mientras la gente sale de sus casa en autos. La gente espera la micro y fuma. A lo lejos se escuchan voces de niños en los furgones, algo gritan, pero la música, me impide precisar el mensaje, no supe si estaba dirigido a mi.
Luego entro a la casa y subo las escaleras. Las cortinas quedaron cerradas y agradecí que eso fuera así. 
Natalia desapareció de mi mente. y pude dormir.
Desperté con energías. Animoso.
Creo que soñé con un árbol cubierto de nieve, pero luego se hizo verano y era hermoso, yo no pertenecía ahí, pero me hizo feliz verlo.