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lunes, octubre 17, 2011

Desencuentros Pasado De Medianoche


Ella Fitzgeral suena de fondo; hace un poco de frío, pero no es preocupante. Una cosa es cierta. Louis Armstrong, suele aparecer en un par de canciones. Paseo por calles, que son parte de mi pasado y casas, donde pase mucho tiempo, pero que sin duda, son parte de mi pasado; la verdad es que todavía suelo imaginarte, que vas aparecer en tu ventana y me gritas: ¡bajo al tiro! y te quedo esperando, como alguna vez te espere y nos quedamos conversando toda una vida, hasta que se apagaba con un fugaz y eterno beso.
Esta ciudad esta muy cambiada, me impresiona lo grande y la manera, de ya no conocer a nadie, aunque, debo admitir que me agrada esto último. Es como si la ciudad y yo, fuimos creciendo, tan rápido y tan lejanos, que nos fuimos convirtiendo en extraños. Tal vez sea esta última frase, lo que resuma todo. Ya no la conozco y ella a mi tampoco, pero me agrada que todavía no se halla dado cuenta, como lo hice, ya hace dos cuadras mas atrás.
Pedaleo, pedaleo más enérgico, y el viento, golpea mi cara, solo con la idea de ir avanzando. Subo por San Martín, hasta chocar con los Conquistadores y el perro que me sigue, desde hace más cuadras, de la frase que resume mi vida, comienzo a disminuir la velocidad, para que el perro, no se exija mas, hasta que paro, para que descanse. Me lo agradece y lo espero. No puedo dejar a mi compañero de viaje, no podría y doy fe, que él tampoco lo haría. Sin darme cuenta estoy en el puente, el que esta al lado de la empaná. El perro recorre, por si pilla algún charco de agua o alguna fuga de agua, en los regaderos. Veo que se encuentra con alguien, que de mi posición a la me encuentro, no distingo con claridad, pero que al parecer ya se conocen bien. Se ve feliz de haber encontrado a otro ser vivo que lo conozca, a estas alturas de la noche. Después de un rato. El perro y su antiguo compañero, se dirigen directamente, donde estoy yo. Enciendo un cigarro y espero que vengan hacia donde estoy. El perro camina con toda propiedad, como si fuera dueño de casa a presentar a las visitas. -kiu. Me dice y que viene acompañado con un sutil movimiento de su cabeza, que reconozco por amigable. -kiu, ¿cómo estamos?. Respondo. La iluminación, que hay en el lugar, son las del pasado y hace que brillen sus aros, que tiene en la oreja, pero que me llaman la atención, por su forma cilíndrica, que no veía de hace años.
- Tení un cigarro comparé.
El perro nos queda mirando y mueve su cola, feliz de que sus amigos, estén interactuando y se nota que cree que esta haciendo algo bueno en el encuentro, bueno, quien sabe, tal vez tenga razón, nadie quiere estar, no acompañado a estas alturas de la noche, aunque sea un rato. Le paso un cigarro, cual enciende al instante. El fuego, hace que pueda ver sus facciones. Es mucho más flaco de lo que creía y tiene unos bigotes y barba larga, de chino antiguo. - Gracias. Se da media vuelta y gira en dirección al canal. - ... y
¿qué estai haciendo por acá?, me pregunta.
- No mucho la verdad, reconozco el pasado un rato. Me queda mirando, como si alguna vez él hizo lo mismo o que esta atrapado haciendo esto, en este instante. El silencio se hace eterno. Sin decir nada, comenzamos a caminar, por Pablo Neruda y doblamos por unos pasajes pasado a Inés de Suarez, antes de llegar a la picada, hasta topar nuevamente por San Martín. De ahí llegamos a la plaza de los campeones o del barco fantasma, como algunos suelen llamarla. Una calle más arriba de Francisco Rojas. Dejo mi bici, apoyada junto a un árbol. El loco, el cual desconozco su nombre todavía, saca un frasco y me pregunta si tengo papel. Reviso en mi bolsillo y ruego por tener, hasta que los encuentro y le doy uno. Comienza armarse un pito, me dice por los cigarros, lo que me parece un trato mas que justo. - oye y vo, ¿de aonde soi?. Me demoro en contestar, siempre he sido malo conociendo gente nueva.
- De los pasajes al frente de la estrella, ¿cachai por ahí?
- ¿cual de los tres que hay?. Me devuelve la pregunta.
-La que se llama "lago todos los santos". No me mira pero mueve su cabeza, como recordando la calle. Su concentración y la mía, están en sus manos, mientras enrrola el pito, que en unos momentos, es llevado a su boca. El movimiento de su lengua, es delicado y con precisión, pasa sus dedos, como haciendo la prueba de calidad y me lo pasa. - Fuma tú, primero. Me dice y me lo pasa. Tomo el encendedor y me fijo en el sonido de la piedra y como se va consumiendo el papel. Aguanto la respiración y se lo devuelvo. Nos quedamos observando al perro, que hacía a nuestros pies, durmiendo y cuando nos damos cuenta, que los dos estamos pegado, mirando al perro, nos reímos. Comienza a llover y miramos el cielo y asumimos, que todavía tenemos tiempo, para terminar de fumar y encender otro cigarro. De ahí, como era de suponer, empezamos hablar del pasado, para ver si teníamos que algún personaje en común, pero ninguno del que nos hallamos acordado.
- ¿pero, tu erí de Temuco, no cierto?. Me pregunta.
- Si po. Respondo.
- ... y ¿conocí a la flaca?. Esa que vive, también en ese pasaje.
- ¿Cual flaca?
- La de la casa, donde hay un auto blanco.
- ¿un chevrolet?. Le pregunto
-No me acuerdo si era un chevrolet. Pero una flaquita, de pelo largo y ojos café claros.
- aaa... si, ¿una mediana?. Todavía no muy seguro si hablábamos de la misma persona. 
- Si ella misma
- ¿La Flo Alarcón?
- Si. Ella es, es ella. Luego se ríe, fuma con todo pulmón y me lo da. Luego desvía la mirada, en el poste de luz, que hay cerca nuestro. Termino por matar el pito y le paso un cigarro. Me comenta que conoce a la flo, desde que eran niños e iban juntos al pre-kinder y como uno puede conocer a gente de toda la vida y como un día; uno empieza a perder la costumbre de no verlos, hasta convertirse en dos desconocidos. Se podrían encontrar en la calle y no darse cuenta de que se cruzaron y ni siquiera  se pudieron reconocer, incluso después de verse todos los días en la época de colegio. 
En sus ojos noto cierta tristeza, pero sonríe y esta tranquilo hablando de ella. En eso mientras me lo dice trato de acordarme, cuando fue la última vez que la vi o supe de ella; y se me vienen tantos nombres y rostros, que tal vez, ya no son los mismos y me pregunto, si a ellos, también les pasará lo mismo que a nosotros dos y también sé, que hay otros, que ni siquiera me acuerdo, pero se que están en algún lugar en mis recuerdos, que sin duda están en antiguas fotos, que mi madre, suele guardar, con otras fotos del pasado, pero que no recordamos, porque se nos olvidan que están. La lluvia para y el viento sopla fuerte y nos tratamos de abrigar con lo poco que tenemos para abrigarnos. Los pájaros revolotean en las copas de los arboles, tratando de protegerse de lo queda de noche.
En eso nos despedimos diciendo, que ojalá nos encontremos por ahí y sin duda lo haremos, en esta ciudad te encuentras con todo el mundo, en un momento a otro y seguimos nuestros propios rumbos. Dos auto-exiliados  naufragando en un barco que creen conocer.
Por cierto, su nombre era Juan, pero eso no lo supe, como en dos semanas más, cuando nos volvimos a encontrar, pero que ahora no tiene mucha importancia. Ya es tarde y pasaron otras cosas, antes de nuestro encuentro, que ya contaré.

miércoles, septiembre 07, 2011

Tiempo Cotidiano Parte II

La luz zigzaguea en un ritmo del boogie boogie, terminando al ritmo de jazz. El grito de los dados suenan cada vez mas fuertes, transformándose en gritos de guerra, saltan con efervescencia desde el cacho y como ninjas esperan para poder atacar con sorpresa, pequeños espartanos. Defendiendo al congreso de sus dioses.
El tiempo un poco se detiene al momento que las bombillas eléctricas se encienden. La gente con la que vivo sonríen, porque lo están. 
El tiempo pasa lento.   
                                  Lento.
                                            Lento.
Crash, el cacho golpea la mesa con precisión, los espartanos se alinean. - Cuatro quinas. Me dice el Vicente, con una sonrisa pícara a punto de explotar. Rápidamente en contexto de ataque digo: -no compadre, cinco sextas. El flaco deja amortiguando el silencio, pero estira la tensión, en cosa de segundos amortigua la tensión y estira el silencio, pero estira hasta romperlo. - Tres aces, dice. - Cuatro. Al vuelo, se le escucha a Rodrigo. Vicente deja de sonreír. 
Desde el fondo suenan los Jaivas y los vientos suenan con pena, que lo comienza acompañar un piano inquieto, que se va desbocando al miedo. La flauta (traversa) termina por desgarrarte y los Jaivas comienzan su propia batalla, por quien es el mejor y por otro lado, nosotros, quien es el rival mas débil.
- Esto es lo que digo, mira como entra Mario aquí. Mario Mutis no es un buen bajista, pero es un ganador. Me dice el flaco. - Es imposible no notarlo, que no te llegue ese bajo.
- Como el baterista de Led zepellin, John Bonham, en moby dick, esta todo el tiempo compitiendo con Jimmy Page, interrumpe Rodrigo.
- Son todos ganadores, así tiene que ser, hay que ser así. Ganadores. Agrega el flaco. 
- Como en 300. Ellos si que que lo fueron. Vuelve a comentar el Vicente.
La música impone y crea atmósfera, muy distinto al nuestro, a lo que estamos haciendo. Negociando.
Como un zumbido. Un disparo. Rápido, se suelta y comienza a bailar uno de aquellos. Nos relajamos. Nos reímos... 
Los soldados espartanos hacen sonar sus escudos. Van matando a los débiles, a los despistados. De a uno. Torturándolos, hasta hacer desaparecer al grupo.
El tiempo pasa lento.
                                 Lento.
                                           Lento.

domingo, marzo 20, 2011

La Plaza Del Fin Del Mundo

... y aquí estamos, de vuelta. En la plaza del fin del mundo.
Bueno, que a lo largo de los años han habido muchas plazas del fin del mundo, a medida que esta ciudad crece.
Recuerdo cuando solíamos venir y desaparecer con el tiempo. Lo deteníamos, si queríamos. Solo el sonido del viento rompía con nuestro sueño.
Ahora fui a la plaza del fin del mundo, donde nos dimos nuestro primer beso; pero ahora, ya no es fin del mundo. Es centro de ella. Donde se pierde el tiempo, La de la esquina, la plaza vieja.
Si vieras como es esta plaza te sorprenderías. Plante unas flores violetas en una esquina para que la reconozcas.
Es tarde y esta pronto anochecer y todo esta en calma. El sol no pega muy fuerte, pero te da un calorcito, que te dan ganas de dormir esas siestas. Mientras tu dormías, yo te leía cuentos de Cortazar y tu unos de capote, pero ahora solo hay sonidos de trompetas tristes, en la plaza del fin del mundo.
Creo a veces te oigo llorar y sonrío y me imagino dándote un beso fuerte; y nos quedamos mirando fijos, como si nos estuviéramos recién descubriendo, pero los columpios están vacíos.
Hubieron muchas plazas del fin del mundo, ahora queda esta y no se hasta cuando, pero ya habrá otra y otra, así hasta que acaben con la existencia de esta ciudad, como la nuestra.

martes, febrero 08, 2011

Entre La Tranquilidad y La Calma

El viento corre a 3 nudos por hora.
Eso me parece esplendido, porque así vuelo
y cuando me apuro, hay calma.
Extiendo mis alas plateadas, como un niño
corriendo a los brazos de su madre y respiro.
Después de eso hay tranquilidad.
Recorro los lugares de mi vida y quizas la tuya
pero trato de alejarme de tu sombra
que me cubre y me consume
como un cigarro olvidado
como un cigarro que se apaga por falta de oxigeno.
Me exiges pertenencia, pero te escabulles
como un gato en la noche e igual que tu mirada
profunda y oscura y quedo.
Quedo solo volando, entre la tranquilidad y la calma.