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viernes, diciembre 12, 2014

Tres



Anoche soñé que estaba en la casa de un amigo, pero en un campo, cerca de la cordillera. Estaba helado, más bien sentía frío y mi amigo no me quería dejar pasar. Yo le explicaba y le hacia entender de cómo no me iba a dejar entrar. Que llevaba caminando desde hace unos días, para poder venir. – No, no… está muy lleno – decía y repetía solo esa frase, como si rezara el rosario, hasta que empezó a ser un poco mas robótico. Desde ese momento, la realidad comienza a fallar, por microsegundos, como esas fallas que se ven el VHS antiguos o algo mas digital y no sé como estoy adentro. Era una casa gigante, con un gran living comedor al frente de la puerta de entrada. Más allá, la cocina y un baño. Principalmente donde circulaba toda la gente.

Al medio de la casa, una escalera ancha de tres niveles y a la mitad de esta, un ventanal enorme con vista algún volcán y un bosque frondoso.

Había mucha gente, yo estaba sobre estimulado. Incomodo y ya no estaba entendiendo nada. Mi amigo no estaba por ninguna parte y ya cansado de buscarlo trato de salir de la casa a fumar un cigarro. Salir de toda esa gente, pero lo único que hacia era encontrar mas gente. La puerta de entrada se iba cambiando de lugar. No puedo, si que trato de ir al baño, como segunda opción. Ya no entendía, ni me importaba nada, pero el baño estaba ocupado. Subo por las escaleras. Segundo piso. Segundo baño, pero incluso ese estaba ocupado. Me siento unos peldaños mas arriba del ventanal. Podía escuchar el ruido del carrete, pero estaba solo y me acuerdo que la vista era hermosa. Enciendo un cigarro y me pego en la vista. Mi mente vacía de cualquier otra cosa. Era lo mas hermoso que había visto en la vida (ni en otros sueños). Era majestuoso. La luna muy alta, muy grande por detrás del volcán. Rasante pasaba la luz e iluminaba solo el lado izquierdo de los arboles. El volcán haciendo erupción. Había armonía en los colores. El cielo estrellado, con toda la vía láctea en su esplendor.

Para estar de oscuro y contrastada la noche, poseía una escala chica de colores, pero enigmáticos colores, que no hacia mas que contemplarlo. El volcán en erupción. Hipnótico. La percepción del tiempo no existía y todo parecía eterno - Sabes que no va a pasar nada – Alguien me habla. Una voz femenina. Al darme vuelta, veo que era una mujer de estatura media, con unos ojos negros que me miran. Intensidad en su mirada y a la vez sus palabras, se hicieron obvias con el sentimiento de calma que yo tenía.
- ¿Qué estas haciendo aquí solo? - Vuelve a preguntar. Su presencia sobrepasa a la mía, casi anulándome. A veces su cara se perdía con la oscuridad del fondo, salvo sus ojos que se puede ver el reflejo del exterior.
-  Tu no sabes lo que pasa afuera, pero aquí es seguro. Me dice.

Luego se sienta al lado mío y nos quedamos en silencio. Des un Segundo a otro era de día y se siente un estallido dentro de la casa. Caos. La gente como estampida, tratan de escarpar. Gritos, humo.

Bajo las escaleras con ella y una parte de la casa ya no estaba. Había gente muerta y otros a punto. El griterío y el dolor, perturbaba la escena, como si estuviera en el ojo del huracán, todo lo que estaba pasando era muy surrealista. Todos tenían estelas, cual fantasmas deambulando. El tempo de la vida se hace cada vez mas alejado uno del otro.

Un segundo estallido. Esta vez del segundo piso me devuelve a la acción. Tratamos de salir, pero afuera había mucha gente con distintos tipos de medios de transporte atacando y persiguiendo a la gente que estaba en la casa. Una batalla que no era batalla, si no una masacre. El pánico vuelve a mi. Ella me toma de la mano y dice – por aquí no – parecía saber lo que estaba pasando, se movía rápida y segura, pero sus ojos son vacíos y entre los escombros y muertos nos escondemos. Nos quedamos quietos. Solo se escuchaba lo que estaba pasando afuera y no era bueno… Que tan cerca pueden estar. En que momento. Mi cuerpo resistía las ganas de pararme y salir corriendo, pero ¿a donde?.

Los motores se alejan, gritos de victoria, más parecidos a los aullidos de un lobo o de un loco. Quieto trato de controlar mi respiración, que se escucha fuerte, mientras se aleja el ruido. Veo los ojos de ella y se que esto no termina. Se siente solo el crujir de la casa, cuando se oyen unos pasos de dos personas. Entrando lo mas cautelosamente posible. Cierro mis ojos y trato de recordar una canción, pero nada. Los pasos estaban cada vez mas cerca. Yo trataba de aguantar las respiración sin saber cuando respirar. Cada vez mas pesados.

Los pasos se acercan. Uno. Dos. Tres pasos. Abro un ojo, pero era inútil. Solo podía ver la ella. Tenía los ojos abiertos, como si estuviera muerta.

Cierro mis ojos.

Los pasos sigue de largo, pero vuelven y uno se para al lado mío y enciende un fosforo para luego encender un cigarro – parece que no queda nadie – dice uno de ellos. – no sé, nunca se sabe – responde el otro. No sé en que momento va ser el Pam!, Boom. El metal sobre mi carne  y siento una ceniza caer sobre mi mano.

Silencio.

Mi corazón al cien porciento y estoy paralizado por el miedo. No sé con exactitud si se fueron o siguen por la casa. Ni siquiera me atrevo abrir un ojo.

- Se fuero. La escucho decir – rápido tenemos que salir.

Abro los ojos y allí esta observándome. Salimos corriendo por la parte de atrás de la casa hacia el bosque. Corremos lo mas rápido posible, pero era inútil y todo se ve tan lejos.

Siento un chiflido  y veo a los tipos que habían entrado a la casa, le tenemos distancia, pero andan en caballos. Nos metemos en el bosque. Ella no titubea ningún paso., ágil, corre velozmente y trato de seguirle el ritmo, cada vez mas adentro, se va volviendo mas selvático. Ellos tienen que dejar los caballos, pero comienzan a disparar. Tratamos de escondernos a esperarlos, pero ellos sabían moverse. Rastreaban nuestros pasos y no se separan. Cuando estuvieron cerca, ella se tira encima de uno de ellos y lo bota al suelo y de su bota saca una navaja que se lo entierra directo al cuello, mientras yo trato de sorprender al otro con una patada. Ella me grita corre y eso hacemos, a toda velocidad, la intensidad, la adrenalina, trato de seguirle el paso, pero en eso tropiezo con una rama. Ella se da vuelta y me ve en el suelo.

- PAF-  

Balazo en la cabeza y cae al frente mío. Sus ojos todavía reflejan el vacío de sus ojos negros ya sin vida. Despavorido trato de correr entre arboles, con el sentimiento en el pecho de dejarla atrás, sin saber a donde y todo se hace cada vez mas difícil y el cada vez mas cerca.
El comienza  aullar como un loco y yo trato de moverme lo mas silencioso posible, pero siento que me golpean la cabeza con algo pesado. Caigo al suelo y recibo una pateadura de la puta, que me deja medio noqueado. Sin fuerzas, solo logro verle los pies. Amarra mis manos y comienza arrastrarme. Me vuelve a patear y el me dice que me pare, trato de hacerlo, pero me sigue pateando hasta que baja al intensidad y logro pararme y caminar a duras penas. No aguanto mucho y caigo. Me vuelve a golpear, pero esta vez caigo y quedo inconsciente.

Cuando despierto el me arrastra, pero ahora con su caballo. Me quejo y el para su caballo – ya levántate. Ahora tienes que tener energía. Me dice –Fuiste un hijo de puta, bastante difícil. Incluso tu y tu puta novia mataron a mi amigo. - Se ríe y luego continua -  y a wueones como tú, lo dejamos para el final.

Yo le pido que me mate, pero este solo se ríe y avanzamos hasta que llegamos a una especie de pueblo fantasmas y me mete a una bodega, donde me encierra bajo llave. Así paso donde días encerrados en una bodega donde la única luz era un que se encendía y se apagaba, como miles de flashes que nunca se apagan, junto a una música fuerte e inentendible. Paso dos días encerrados sin saber mi fin. En que momento. Cansado. Sin poder matarme. Loco y paranoico. Hasta que se abre la puerta y entra luz, mucha del exterior que me enceguece hasta que cierran la puerta y los veo entrar,  en cámara lenta, donde me pegan y me sacan la mierda. Siento golpes en todas partes. Me vuelven amarrar y me sacan de ahí y me llevan a una colina. Eran cuatro personas que iban con dos perros grandes musculosos y jugaban a tirármelos de vez en cuando.

- Quiero que corras, lo mas rápido posible -Me dice uno de ellos y continua – cuando llegues a la mitad, nosotros vamos a soltar  y cuando estés, en la planicie iremos nosotros a cazarte. Tómalo como un regalo. Una extensión, si no te matamos te podemos dejar libre, capisci.

Me empujan cerro abajo y trato de no caerme y agarrar vuelo. Corro lo mas rápido posible, pero ellos sueltan a los perros antes. Mucho antes y los siento como ladran detrás mío.

Corro por la eternidad.

Corro.

Negro.


Me despierta el sonido de un treilé y hace frío. Vuelvo a dormir, pero esta vez no volví a soñar.

jueves, junio 26, 2014

Poema nocturno y de frío

Todo lo que me había quejado del frío, resultó ser en vano.
Todo brilla, todo escarchado. 
La calle solitaria  
no queda otra que caminar al ritmo de un jazz 
ya extinto
Helado hasta los huesos
el frío se apodera de mi cuerpo 
no deja espacio a la reacción de mi mente
algo confusa, ya a esta altura de la noche.
La neblina y el smog 
se dispersan a través de faroles y ramas de arboles 
como tratando escapar de algo 
pero mas bien, está conquistándolo todo. 
Me dice que no puedo escapar de esto. 
Apuro el paso
ya no queda de otra 
camino entre el humo de Temuco y su soledad.
No hay nada más poético que esto.
Mientras camino, tu imagen aparece 
bajo recuerdos llenos de polvo. 
No tengo la menor idea
del por qué llegas justo ahora 
pero lo peor de todo
tu imagen se desvanece junto al humo
entre la niebla 
y camino cual fantasma
que vagabundea por calles extrañas
sin sentido 
y carentes de amor. 

martes, agosto 06, 2013

Tiempo Cotidiano V



El día está completamente gris y el viento, a ratos pasa. El sonido de los pasos de los peatones, crean un ritmo, que por momentos me inquieto, porque pienso que lo estoy escuchando. Creyendo de cierta forma, de que la humanidad. Destino. Dios o algo completamente al azar, quisieran darme ese significado. Al instante me doy un poco de pena, en insistir en esas vieja costumbre de buscar significados; y si los hay, no seré yo, quien los reciba. A mí me toca, ser parte del chiste. Nunca del otro lado.

La gente que va a mi alrededor no me dice mucho, sus caras son serias, no dicen mucho, incluso cuando van sonriendo.
 

Los voy mirando, como tratando de encontrar a un conocido, pero mas bien, es encontrar la sensación de hacerlo. Recuerdo que, cuando chico, la tenía bastante. Se me vienen dos recuerdos; De cuando tenía siete años e iba con mi papá, en el centro de Temuco, muy temprano por la mañana. Creo que era fin de semana, pero es probable también que estuviera de vacaciones, ni idea. La cosa es que estuvimos dando vueltas por el centro y en alguna tienda haberme encontrado con algún amigo. El iba en otra dirección junto a su familia y nuestras miradas de lejos se encontraron y un pequeño gesto, con nuestras manos, fue la concretación de que, nuestro encuentro, fuera oficial. Por otra parte, el segundo encuentro, era mucho más chico. Lo sé porque mis padres aún no se separaban. Tampoco iba al colegio. Debo haber tenido alrededor de tres o cuatro años. Acompañaba a mi mamá en el auto, acabábamos de ir a dejar a mi papá y a mi hermana, al trabajo y al colegio, respectivamente. Fue un viaje largo. El día era parecido al de hoy, pero hacía frío, en un momento nos detuvimos en un supermercado naranjo, frente al hospital. Mi mamá me ordena, de ir al lado de ella, y en ciertos momentos, me pide ayuda con las elecciones de algunos productos. Yo no tenía idea de cuales eran las diferencias, si que siempre elegía por algún símbolo que ya reconocía y me era amigable, pero cuando ese no era el caso, esperaba a mi mamá quien respondiera primero, después le daba la razón, en un acto de confianza pura e ingenua.
 

En un momento pasan dos señoras vestidas de una túnica negra, que iban conversando. No pude entender nada, pero me gustó mucho como sonaban. Tenían unos collares grandes y plateados, mientras iban avanzando, el collar brillaba, luego las vi doblar por el final del pasillo y no las vi más; yo al girar, mi madre ya no estaba. De un momento a otro, todo era distinto, todo era grande y había una voz, que ordenaba a alguien de que fuera a una caja. Una caja. El lugar se volvió enorme, pero me costaba ver el fondo y comencé adentrarme en el bosque. Todos -los arboles- eran altos y en un momento me encuentro con tres cofres. Uno con maní, otro con nueces y finalmente de piñones. Todos con cáscaras. Meto mi mano, en el cofre de maní y saco un puñado, que me escondo en el bolsillo. En eso escucho la voz de mi mamá, diciendo “que si quieres maní, los tienes que comprar”. Yo levanto la cabeza y aparece mi mamá al lado mío. Recuerdo sonreír al verla.
 

En los dos encuentros, la sensación era grata.

Una sorpresa.

Tranquilidad.

De encontrar a alguien completamente único, reconocible.
 

No sé, si cuando pasamos cierta edad, nuestra facultad de ser particulares o de poder reconocerlas. Se fue perdiendo sentido.
 

La desconfianza es parte del chiste, de ser y comienzo a caminar mas rápido. Me alegro de haberme comprado estos audífonos, aunque todavía pienso que no debí habérmelos comprado a ese precio, pero por otra parte, nunca lo hubiera hecho. El jazz vuelve a mis viajes, no muchos, pero los extrañaba. De alguna forma, me doy un respiro de la humanidad. Ya había sido mucha interacción. De hecho ya me estaba creando un problema, no tenía nada nuevo que contar y cuando, uno, no tiene nada nuevo que contar, uno se va abriendo a nuevas personas hasta cuando uno estira el chicle, llega un momento de comprar uno nuevo. En mi caso, yo guardo la plata en la casa y lo cambio por invernar. Alejarme, descansar de ella.

Ahora en mi departamento. Veo. Los veo de mi ventana, como quien mira un cuadro. La misma baranda tiene varias secciones, sugerentes a distintas escalas que van descomponiendo la imagen
 

Me da un poco de frío y me paro a la cocina y hiervo agua, para un té. Intento escribir, pero cuando estoy en el acto me da paja. Intento leer, pero nada. Me hago un té y enciendo un cigarro. Las luces artificiales comienzan a invadir mi living, generando sombras, que se van moviendo en la pared. Sombras que se alargan hasta que explotan y luego vuelve a nacer otra sombra, se expande, explota. Así por arto rato.
 

Enciendo un pito y comienzo a navegar por internet, pero incluso eso, me aburrió. No sé lo que me pasa, es como si mi capacidad de asombro, ya hubiera llegado a un limite, pero que nunca disfruté. Tempranamente todo se volvió obvio y partiendo de esa base, comienzas a catalogar todo entre dos parámetros. Bien o mal, como “okey, no me dio risa, pero me hubiera gustado que sí”. Te banco Bill Murray.
 

Pienso en que es difícil ser artista y no conmoverse. Porque tener o no tener pasión, eso es adquirible.
 

Me meto a flickr, a ver fotos, asegurándome, de ver una foto, nueva, única. Con una mirada personal, del lugar y el momento y así iba matando el tiempo.
 

En un momento, me pillo con una noticia sobre unos científicos, que con unos detectores de ondas gravitacionales, pudieron dar con  unas ondas, de los confines del universo y que explican que pueden ser, un “suave continuo espacio-temporal”, lo que probaría, que vivimos en un universo Holográfico. También dicen que las ondas holográficas son muy inestables y que en cualquier momento.
- Plin -
Fin del universo.

martes, julio 30, 2013

Mal Poeta


Hoy día me dijeron,
que era un mal poeta.
no sabía rimar, dijeron.
sabes otra cosa que no rima.
tú y yo.

lunes, marzo 25, 2013

Natalia




Santiago me hace mal, pero como todo síndrome de Estocolmo, me esta comenzando a gustar. No se si es que tengo mas tiempo o todo se esta volviendo a normalizar y ya nada es tan terrible.
El flaco me queda mirando y me dice que algo me cacha la idea, pero realmente su mente esta en otra parte. La cerveza cae como la noche y el ruido de Santiago se escucha a lo lejos, distante, como el flaco sin saberlo. El tampoco logra dar entenderse, dice que estar un año fuera, lo hizo pensar cosas poder conectarse, en cierto sentido sin estarlo, pero de que ese sentimiento se arraigo en el, sin querer y ahora no sabe que sucede. También me cuenta que el otro día vio a la cony, su ex, pero que sentía solo una pequeña costumbre, pero que nada mas y sabia que ella quería algo mas de lo poco que estuvieron conversando, que eran extraños de cierta forma. Además el estaba pensando en otra. En la que se quedo.
Luego queda en silencio y saca una pipa con marihuana, donde comienza a fumar todo lo que puede y me lo pasa. Yo me detengo en el sonido de la piedra del encendedor y luego escucho como la marihuana se va quemando de a poco. El silencio reina el lugar por unos segundos y termino por encender un cigarro y el humo comienza a bailar, al ritmo de la ciudad. Tenemos nostalgia sureña y luego me pregunta que he hecho durante todo este tiempo. Tuve que detenerme a pensar un rato y le dije que no mucho y que mi vida seguía en su curso. Le conté que Paulina me había hablado hace poco y que nos habíamos juntado hace poco, pero que nada paso y agradezco que haya sido así, pero que me comenzó hablar de nuevo.
-  ¿pero que onda. me dice el flaco - todavía se  gustan?
-   no lo sé. respondo y continuo - yo creo que ahora no, pero nos acostumbramos a estar ahí, cundo uno de los dos quiera.
- tení que puro darle
- No sé, ya me aburrí ser patas negras, a demás ella sabe que es inestable y que no puedo estar con ella en la cotidianidad, si que prefiere estar con un wueón que no ama antes que yo a distancia. Lamentablemente no puedo estarlo y no quiero estarlo.
- ¿pero que onda ustedes?.- me pregunta.
- ¿de que forma?
- no sé po, cuando estaban juntos. Me queda mirando 
- puta nada. Muy simple todo, de hecho, pero no es posible. Además ya paso su tiempo, yo corte relaciones con ella directamente, no la vi mas en 2 años y ahora volvió yo creo a tantear la onda y la ultima vez fue raro.
-  ¿cómo así?
- éramos desconocidos. Ya no la conozco, pero hay cierta parte que es igual, pero es pura química, costumbre o cariño, no lo sé, pero por ejemplo, el otro día nos pusimos a contar cosas que habíamos hecho durante estos dos años. Como si nos estuviéramos presentándonos pero ya no puedo confiar en ella. No la conozco o la conozco suficiente para cachar que jamás seremos, solo amigos solamente y ante eso, prefiero cortar por lo sano.
El flaco toma un sorbo de piscola y luego se queda en silencio. Piensa un poco en lo que me va a responder y solo termina diciendo que son raras las minas. Yo afirmo que si, pero nosotros no somos ejemplos de nadie y nos volvemos a quedar en silencio. De ahí hubo alguna que otra conversación sin importancia y mira la hora y decidí irme. Me despido. 

Voy caminado, un poco con frío y con nostalgia. Sin duda jamás estaremos conforme en el presente, si tranquilizamos el pasado y dejamos el futuro que caiga solo. Me detengo en una plaza a descansar y enciendo un cigarro. 
En mi alrededor no anda nadie, salvo unos perros callejero que se me acerca y se echan a mis pies, como haciéndome compañía. Enciendo un cigarro mientras miró unas ventanas que todavía están encendidas a lo lejos y que desde mi perspectiva se ven como space invader. Estaba en eso cuando soy interrumpido por la voz de una mina que me pregunta por papelillos. Quedo un poco descolocado, un poco por la pregunta y un poco por el misterio que me produjo al mirarla.
Tenía el cabello negro, largo y unos ojos delineados negros. Sus ojos eran grandes y profundos. Transmite cierta calma, mientras pido a dios tener uno. Finalmente encuentro uno y se lo paso. Ella me da la gracias y procede a sentarse al lado mío mientras lo hace, comienza a enrolar el pito.
Con una serenidad y delicadeza, sus movimientos de sus manos son completamente seguros, después se lo lleva a los labios y finalmente lo enciende y fuma con toda propiedad, que no se como reaccionar y solo seguir pegado . Ella después de unas quemadas me ofrece un poco, yo solo asiento con la cabeza y procede a pasármelo y me queda mirando como si nos conociéramos hace años. Fumo.
-  Esta bueno.
Toso.
Luego se lo paso y en el acto le pregunto como se llama. Ella me responde que Natalia en seco y hace una pausa y luego me pregunta que me llama la atención de lo que estaba mirando. Solo hay edificios. me dice ella.
Le respondo que no son los edificios lo que estoy mirando, si no la gente que vive en estos y como se ven cierta parte de su vida, en pequeños balcones o ventanas sin cortinas. La gente no acostumbre a poner cortinas, o nunca las cierran, como desafiando al voyerista o diciendo al mundo que poco importa. Me detengo, creo que estoy hablando mucho, que no termine como pedante o en estúpido entusiasmado.
-    así que eres voyerista. ¿Esa va hacer tu presentación?. - Me  queda mirando fijo y luego desvía la mirada hasta el suelo y se queda en eso.
-    disculpa mi sinceridad.
-    No dale, cada uno con lo suyo.
Luego no decimos nada por un rato, hasta que ella me pregunta si tengo un matacola. Enseguida, saco uno de mi bolsillo y ella me dice que es. Salbutamol, le respondo al instante. - estas seguro, me pregunta. Vuelvo afirmar y termino confesando que lo hice yo mismo, pero no veo ningún tipo de reacción sobre lo que le acabo de decir y luego continua con - es como jugar un poco, a los sims. Como cambiando el tema. 
-    es como un poco eso o como ver películas malas sin volumen
-    creo que ahora te puedo entender voyerista.
-    gracias. 
Saco nuevamente la cajetilla de cigarros, pero ahora le ofrezco uno a ella, que acepta sin decir nada y lo enciende, en seguida le pedí el fuego, que me lo paso sin despegarse de las pocas habitaciones que se veían a lo lejos por edificios altos.
-    igual, ver películas malas sin volumen son malas, para eso tienes que poner música, tu musicalizas en vivo una escena de una sola película de este gran y pésimo cine que da puras películas malas y mudas.
Ella muestra un leve sonrisa, o eso creía ver, porque era algo como la mona lisa. no sabes si es una sonrisa, porque sus ojos  son profundos, algo así me pasa con ella. Cuando me doy cuenta ella se pone unos audífonos y cierra los ojos, para abrirlos y clava la mirada en un punto, que ya estaba predeterminado. Luego se saca los audífonos.
-    Claro que es mucho mejor esto a películas malas… igual llevai su tiempo en esto.
-    es mejor que no quedarse en tu casa, mientras todos duermen.
Silencio.
-    y tu, ¿estas esperando a alguien?- le pregunto.
-    No.- pero me queda mirando un poco sorprendida- o sea, sí, en realidad, no sé ya.
Vuelve a quedar en silencio, pero por primera vez la noto mas real, pero dudo en seguir investigando un poco mas, aunque creo firmemente que es el momento para hacerlo, después se recuperará y volverá al personaje. No sé cual de los dos escenario prefiero, pero de una manera inconsciente, sé que me agradece no preguntar nada mas.
-    y tu ¿que esperas?.- me pregunta
-    ¿cómo que espero?
-    si po, todos esperamos algo.
-    chucha. No sé.-  con un tono de volao
-    justo ahora se acabo tu sinceridad.- y me clava la mirada, pero todavía mas distante que antes.
-    es que nada, en serio, es mucho mejor no esperar nada, si nada te van a dar.
-    voyerista y consejero - algo medio irónico.
-    a veces gracias.
-    me hubiera dicho eso hace unas semanas antes.
-    disculpa, también soy algo lento.
Me besa. Nos besamos, por un rato, largo. Luego se para y me dice que se tiene que ir. Yo la trato de detener, y la beso de nuevo, pero insiste en irse. Luego le pregunto el nombre, en un acto de volver a encontrarme, pero ella solo me responde que con mi nombre era suficiente, como si me estuviera desafiando y yo le digo Natalia, cuanto mas. Ella se ríe y me dice que con eso es suficiente, que Santiago es grande y que ya habrán mas rincones por donde verse. Dice chao y la veo irse. Caminando. Lento a lo lejos.
Me pongo audífonos y comienza a sonar "meet me in the morning" de Dylan y me doy cuenta que ya esta amaneciendo y que pronto el metro se abrirá. Me fumo el ultimo cigarro y comienzo a caminar hacia el metro. No había mucha gente madrugando, me pero igual se lleno todos los asientos, no me hago gran problema y me siento en el suelo. Veo como la gente va durmiendo en el metro, mientras avanzan a sus destinos, otros leen el diario o van escuchando música. Hay una cierta tristeza de lunes por la mañana y comienza a poblar piernas gigantes y luego a negro.
Abrió los ojos y todo cambió. Me preocupo un poco, pensando en que estaba mal. Termino en la plaza Maipú. Luego cruzo la calle y espero la troncal. La micro anda rápido, ya que casi nadie va, para la ciudad satélite o Padre Hurtado, Talagante. 
En el transcurso trato de acordarme de Natalia, pero no puedo precisar su cara, salvo su mejilla izquierda y el pelo en la cara, mirando hacia los edificios, pero esa imagen cada vez se fue poniendo mas vaga, y tengo solo distintas sensaciones que eran ella.
Luego camino, mientras la gente sale de sus casa en autos. La gente espera la micro y fuma. A lo lejos se escuchan voces de niños en los furgones, algo gritan, pero la música, me impide precisar el mensaje, no supe si estaba dirigido a mi.
Luego entro a la casa y subo las escaleras. Las cortinas quedaron cerradas y agradecí que eso fuera así. 
Natalia desapareció de mi mente. y pude dormir.
Desperté con energías. Animoso.
Creo que soñé con un árbol cubierto de nieve, pero luego se hizo verano y era hermoso, yo no pertenecía ahí, pero me hizo feliz verlo.

miércoles, noviembre 03, 2010

Esos Locos Bajitos

Tiempos de juventud e ignorancia y que lo mas simple te asombre de una manera enorme... los extraño

domingo, octubre 17, 2010

Cementerio de Volantines

A lo lejos se ve una figura caminando bajo los faroles, caminaba entre las penumbras de la misma ciudad, como si todo estuviera en un perfecto orden. La gente que va alrededor no miran a las caras y por lo visto no habrá un "hola", o "buenos noches" al aire y eso extraña de su tierra natal, un gesto al aire totalmente inesperado en la ciudad.

En la mano trae un pequeño sobre, que se aferra a el, como una guagua a su juguete; en la otra un encendedor zippo, que lo hace sonar al abrir y cerrar la tapa, mientras este sigue caminando.

En un momento para a sentarse en una banca y saca un cigarro y lo enciende con el aparato ruidoso. Queda allí sentado esperando que alguien llegue a su encuentro, pero pasan los minutos y nada. Sigue esperando, pero sabe que no llegará.
Empieza a jugar con el sobre; lo intenta abrir, pero algo lo detiene y lo guarda con cuidado en su morral y examina este movimiento, como para no olvidar donde lo dejó. En eso lo interrumpe un señor ya de edad. Usaba la barba larga y blanca. El pelo al igual que la barba era largo y blanco. Piel morena, como tostada, por el sol de tanto caminar bajo de él; tenía unos ojos cansados y algo apenado, como lluvia de invierno.
Me pregunta si tengo un cigarro. Le afirmo con la cabeza y le ofrezco uno. Lo toma y me mira por fuego, pero no me dice nada y su mirada se clava en la mía, una mirada de piedra. Reacciona, rápidamente y me sonríe y dice. - Acá esta la wueá. No quería aparecer. -Sacando el encendedor. Había un viento de primavera y le da la espalda. Gira nuevamente, ya con el cigarro encendido y me da las gracias.
- Antes que me valla, déjame decirte algo. Aprovechando que la ciudad esta dormitando, por unos minutos, ¿usted cree, que los sueños, son una proyección al nirvana?, porque escuche un poco... Mientras uno duerme, viaja, se concentra con el ritmo de la respiración y ese ritmo, cada vez debería ir bajando, conectando con lo primitivo. Se podría decir, que cada vez que se logra, uno retrocede o nos acercamos como al antejardín del nirvana.
Talvez la gente no tiene conciencia de como podemos atravesarla. A veces repetimos el viaje, y lo logramos. Otras empezamos de cero, pero lo intuimos.
Son pocos los que nos damos cuenta e iniciamos el camino de ahí conciente de esto, el viaje al antejardín y a la puerta. Dependerá de que tan concientes puedan estar, para romper la delgada línea.
El silencio comienza hacer incomodo y no tengo respuesta o comentario alguno, luego del profundo discurso. Fue también la puesta de escena del viejo, la mirada de piedra. Fue un disparo a quema ropa; en la cabeza. Fue un largo viaje a través de una mañana en el bosque. De fondo suena agua, sigo el sonido, este se acrecienta con cada paso, donde llego a un lago y a un bote. Lo recorría. Tal vez paso media hora o solo unos segundos...
- Creo que lo entiendo - le respondo. - Ahora lindo viaje. Me dice y se da media vuelta, desapareciendo en las sombras.
Saco otro cigarro y me doy cuenta que hay una tarjeta en el lugar que estaba... y la recojo.
Las nubes se apoderan del cielo y el viento se hace cada vez mas presente. Quiero saber la hora, pero las calles están desiertas. Suena mi teléfono. Mensaje de texto que dice: "c m iso tard, mejor me ire al toq al depto, Flo."
Es noche conversamos y comimos un poco, luego peleamos un rato y luego nos fuimos a dormir.
Me cuesta dormir y me acuerdo de las palabras del viejo. Me levanto de la cama y miro por la ventana y sigo el ritmo de la ciudad, que va y viene; y una pequeña luz va describiendo a la flo y me quedo pegado en ella. En lo tranquila que se ve y me pregunto si esta en lo cierto el viejo. Creo que su respiración baja de ritmo y la envidio y pasan los minutos y me cuesta conciliar el sueño, pero de a poco empiezo y me concentro en eso.

Sueño que estoy en un parque, se me hace familiar, pero esta todo muy distinto a lo que recuerdo. Creo que solíamos venir a jugar con mi hermano, pero ahora solo hay rastros de volantines en todo el lugar y es aquí donde vienen a parar. Algunos están enteros, otros solo sobreviven algunos pedasos de papel e hilo, que no deja avanzar, como si estuviera en una telaraña. me quedo inmóvil. Dejo de sentir las piernas. Comienza a llover papel de volantín, que hace dispersar todos lo hilos, que están conectado con todo y la lluvia se hace mas espesa y quedo en silencio, porque la lluvia me calla y me pongo a llorar en medio del cementerio de volantines. De un momento a otro, me doy cuenta que no estoy solo y se acerca un pequeño grupo de ovejas que me queda mirando y empiezan a comer papeles e hilos de volantín que me tenían atrapado. Logro pararme y comienzo a recorrer el parque. Las ovejas me siguen y con la lluvia, estas, se empiezan a teñir de diferentes colores.

El parque se hace cada vez mas grande, cada vez mas infinito. Y me encuentro con una caravana de dos camionetas y cinco caballos. Una de las camionetas, estaba lleno de gente rezando y la otra a un par de personas sosteniendo el féretro y nos cruzamos en el camino, sin decir nada, solo la lluvia.
Las ovejas comienzan a inquietarse y se dispersan en la niebla, quedando completamente solo de nuevo.
Entro a un túnel largo, que de fondo a una luz intensa, ceguecedora y la lluvia de papeles se hace cada vez mas presente y suena una multitud, como alentando a un equipo de futbol y la multitud dice "uufff"... como si se hubieran perdido un gol y empiezo a correr, desesperado, cada vez se escuchan mas fuerte, pero no logro ver nada, me empieza a faltar el aire y caigo a un mar de papeles, donde la mayoría decían "no creas todo lo que lees" y comprendo. Comprendo lo sucedido. Empiezo a caminar y todo el escenario cambia.
Veo al viejo que me saluda. -Diste un gran paso hoy. Pero te falta camino... supongo que tienes mas claro como hacerlo. Como llegar...
- Sí, le respondo. Sí.